A Ferretti lo rechazó el ejército

El técnico que desconoce el desempleo fue rechazado alguna vez. Difícil imaginar que un hombre de carácter rudo, voz rugosa, presencia firme y disciplina férrea no tendría cabida en el ejército militar, pero era apenas un niño cuando buscó cumplir su propósito y falló.

Ser futbolista fue su segunda opción, la primera era pertenecer a las fuerzas armadas de Brasil.

‘Tuca’ refunfuña mientras camina de un lado a otro como león enjaulado en el área técnica, entrecierra los ojos para advertir, aprieta los puños y se desgañita, entonces lo sabemos: alguno de sus jugadores ha equivocado la indicación; manotea con las decisiones arbitrales, reclama sin miedo a la consecuencia y hasta le muestra la billetera al línea… el rival se dirige con reservas, pocos lo retan siquiera con la mirada. Cada quién en su lado y no hay problema. La escena habitual. Ése es él, el de los métodos rudos, mismos que son comparados con el rigor militar.

Cuando él tenía esa edad, en 1964, ocurrió en Brasil el golpe de estado que terminó con el gobierno de Joao Goulart; los militares, apoyados por parte del pueblo y los empresarios, exigieron su renuncia ante la amenaza del supuesto comunismo al que se encaminaba con sus reformas.

El miedo a que la izquierda los guiará al destino de la Unión Soviética, la República Popular de China y Cuba los motivó y se habla de Estados Unidos como aliado del golpe que llevó a la dictadura militar -el ejército ha preferido llamarle revolución o contrarrevolución-.

Fueron dos décadas que se cuentan desde la tortura en centros ilegales, el temor, la censura, las muertes y las desapariciones que cuentan hasta 434, de acuerdo con informes oficiales. Los testimonios reseñan la persecución de la que fueron víctimas los opositores, Dilma Rousseff fue una de ellas. Las multinacionales se prestaron al espionaje de sus trabajadores; periodistas y escritores fueron vigilados, ni el Rey Pelé se salvó, sus movimientos financieros también fueron objeto de averiguaciones.

En ese Brasil vivió Ferreti hasta que llegó a México para jugar con Atlas, procedente del Bonsucesso, en la temporada 77–78. El futbol lo trajo aquí, pero había querido antes ser parte del ejército, del que ahora es el más poderoso de Latinoamérica en población y recursos.

‘Tuca’ no pasó el examen hace ya mucho tiempo, pero los requisitos siguen exigiendo a los mejores para las 400 plazas que abre para los hombres y 40 para mujeres en cada edición del concurso de ingreso a la Escuela Preparatoria de Cadetes, el primer paso antes de iniciar la instrucción formal en la Academia Militar de Aguas Negras. La oportunidad para los jóvenes de entre 17 y 22 años cuesta 90 reales, aproximadamente 26 dólares, y la prueba intelectual es el filtro; se divide en dos días por asignatura: portugués, redacción, física, química en el primero y matemáticas, geografía, historia e inglés en el segundo.

Una vez aprobados, según el promedio de calificación de los participantes, son promovidos para las pruebas sanitarias y los exámenes de rendimiento físico, igualmente divididos en dos días: 39 abdominales que deben ser ejecutadas en máximo cinco minutos, 19 lagartijas, y un par de sesiones de carrera de 2 mil 300 metros en 12 minutos. Entonces son reconocidos como militares del Ejército de Brasil, cursan un año en la Preparatoria y los siguientes cuatro en la Academia para obtener el título de Cadete en una de estas áreas: Infantería, Caballería, Artillería, Ingeniería, Comunicaciones o Intendencia de Material Bélico.

Con 62 años, a Ferretti le quedarían poco más de dos años para ser considerado ‘reformado’, ya no podría ser llamado a servir a la patria en situaciones de emergencia, pero recibiría el mismo salario que se gana en actividad. El tiempo de servicio probablemente habría hecho estragos en su salud física y mental; la agresividad de los métodos militares fue evidente en una encuesta de la agencia de periodismo Pública de Brasil que reveló abusos físicos, humillaciones y una escasa instrucción en materia de derecho penal y derechos humanos.

“Era como si estuvieran entrenando un perro. Entrenan a los soldados para que les tengan miedo a sus superiores. La formación se dirigía a afectar nuestros sentimientos, para que saliéramos de los cuarteles como un pitbull, deseando morder a alguien”, confesó un exsoldado a Pública.

No sucedió, ‘Tuca’ adoptó la nacionalidad mexicana, ha ganado cuatro títulos de Liga y está en busca del quinto. ¿Que si sus métodos son de inspiración militar? Él lo niega, atribuye el trabajo y la disciplina a las enseñanzas de su padre:

“Les pongo unas tranquizas, los cacheteo a cuatro o cinco, les digo cosas a otros 15. Ya saben cómo soy, soy un dictador, soy un desgraciado, soy todo lo que ustedes dicen”, comentó sarcástico hace un par de meses en conferencia para explicar cómo mantiene a sus jugadores con los pies en la tierra.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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