A Sinha le duele más el corazón que la rodilla

Sinha en entrenamiento. / Foto (twitter: @TolucaFC)

Medio tiempo, marcador sin goles en la Bombonera. La cerveza ha hecho efecto y en las filas del baño se habla de futbol. La formula no es secreta, al Toluca le falta un hombre en la cancha, se llama Antonio Naelson, le apodan Sinha y se le da eso de resolver partidos. “Ahorita entra Sinhita y le ganamos al Necaxa”, la petición se repite en los pasillos y en las butacas.

Ahí, pegado a la banda, el capitán honorario acelera el calentamiento y la fe se recupera. Lo que sigue es una ovación que se ha repetido en cualquier estadio, a veces hasta la afición rival se une al homenaje. Ah, por cierto, Sinha está por cumplir 41 años y este es su torneo de despedida. Pensaba retirarse con otra camiseta, estuvo casi dos años con Querétaro, pero volvió a Toluca y como si nada, el adiós esperó un año porque la celebración del Centenario merecía en activo al jugador que había jugado hasta entonces quince años para el club.

El peligro en la cancha es un jugador al que todos conocen bien. Apenas llevaba tres minutos y se notó su presencia, con el orden en el medio campo llegó el primer gol en una jugada que él inició. También el gol definitivo corrió por sus pies, gracias a un pase preciso que Erbin Trejo definió con un tiro cruzado. “Hombre, para la clase no hay edad”, dijo alguien tras la celebración. Sinha ganó el partido… Otra vez. Lo hizo con un gesto técnico de los que enamoran del futbol, como la técnica de Zico lo hizo con él, inspiración de juventud -guarda la distancia cuando habla de su ídolo por respeto a lo que significa Arthur Antunes Coimbra en la historia de este deporte-.

Si preguntas por Sinha, quitándose los colores de encima, los aficionados mexicanos hablarán de un jugador con clase en cada toque y sobre todo, de un hombre serio. Otros tantos, con una mueca, contarán las pérdidas por tenerlo como rival; no es fácil ignorarlo.

Los cantos que repiten su nombre y las ovaciones corresponderían a una estrella de rock, no a un jugador que nada comparte con los ídolos de la música y ni un poco del glamour de otros que igual patean el balón. Tiene cinco títulos en el futbol mexicano y frente las cámaras no hay poses: “No porque seas más viejo, eres más sabio”, responde en un programa de televisión cuando le piden un consejo para la juventud. Dice que puede aportar sus experiencias, huye a dar lecciones.

Antonio Naelson nació y creció en Brasil, en su mente siempre ha estado el futbol, hasta cuando tenía que trabajar cargando barro para las tabiqueras. La hora de salida o los fines de semana significaban futbol con lo que sea que sirviera de balón; las canchas le quedaban lejos y la pelota era un lujo.

La última oportunidad de ser profesional lo llevó a México -específicamente a Saltillo- hace 18 años, procedente del America Do Rio. Con un cartel poco conocido, en sus veintes y la responsabilidad de un creativo, Naelson probó sus cualidades en la filial de Rayados: Saltillo Soccer, franquicia desaparecida poco después de que Sinha cambiara de residencia al centro del país para triunfar con Toluca.

El periodista Ángel Mario Martínez, originario de la ciudad, recuerda que la contratación de Sinha no provocó tanto ruido, se sabía poco de su juego y las ilusiones difícilmente se centrarían en un jugador que seguramente pasaría pronto a las filas de Rayados.

“Me tocó verlo jugar en el Estadio Olímpico de Saltillo, que es muy chiquito, pero con este equipo se llenaba prácticamente todas las fechas, le caben como cinco mil personas. En el año que estuvo anotó solo un gol y sí se identificó con la afición, pero no tuvo mucho tiempo como para convertirse en figura. Ya después con el crecimiento que tuvo Sinha, la gente lo adoptó en Saltillo como uno más, además porque su esposa es de Saltillo. Creo que todavía va una o dos veces al año a visitar a sus suegros y cuando va, los medios aprovechan para entrevistarlo como figura del futbol saltillense”.

De jugar en un estadio de menos de diez mil personas a anotar en una Copa del Mundo hay un largo historial de magia con los pies y un proceso legal para ser mexicano por gusto, como lo ha dicho en entrevistas: “por echar raíces en este país, por agradecer lo que me ha dado”. Nunca imaginó que vestiría la camiseta tricolor años después; por primera vez en septiembre del 2004, ante Trinidad y Tobago.

Junio de 2005, México frente a Japón: “La jugada empezó por la derecha con Salvador Carmona, que trianguló con Pavel Pardo. Pavel me pasó el balón nuevamente por afuera del área, donde apenas toqué para acomodarla y tirar a gol”, omite un detalle al relatarlo para FIFA.com: colgó el balón en el ángulo superior derecho de la portería. Ese gol fue votado en 2013 como el mejor gol en la historia de la Copa Confederaciones. En su cuenta están 59 participaciones con la Selección Mexicana y el Mundial de Alemania, seis goles en total. Supo esperar el llamado y fue paciente, cuando lo relegaron, se negó a exigir; pero no libró la crítica, algunas voces lamentan que no mostrara más de lo que sabe hacer en momentos apremiantes.

En el Azteca, contra Nueva Zelanda en el repechaje, jugó el último. Miguel Herrera lo pidió en la cancha, entró para jugar media hora y los aplausos fueron suyos al anunciarse el cambio en el sonido local. Los colores de su camiseta habitual nunca han importado mucho cuando se trata de Sinha ni su origen brasileño; el respeto que recibe de los aficionados es peculiar.

“Siempre ha manejado un perfil bajo, dentro de la cancha, un crack, pero fuera de la misma es alguien que guarda silencio, no se mete en polémicas. Cuando la naturalización y las convocatorias nunca dio una declaración más allá, nunca buscó los aparadores como alguna vez lo hicieron Guille Franco o Vuoso, no quiso meterse en la polémica para demostrar por qué lo habían llamado. Creo que otro factor que le dio mucho peso es que era alguien que, a diferencia de otros naturalizados, se expresaba ya como mexicano”, considera Angel Mario Martínez.

Antonio Naelson mira con el ceño fruncido, da respuestas directas con voz modulada, no se exalta. En el campo, con el mismo gesto que aparenta enfado, visualiza el campo, corre con la bola pegada al pie y ordena mientras ejecuta el movimiento. Manotea en respuesta a lo que cree injusto y defiende a sus compañeros. Mide 1.63 y hace bailar a los defensas, los derriba, los tiene de espectadores, pero anota y no baila, no hay volteretas ni festejos ensayados. Así es él. Cuando abandona el estadio, posa sonriente para las fotografías, bromea con los aficionados, agradece la admiración. Es un jugador que dice respetar y valorar su profesión también por lo que representa para su familia.

Sinha ha llorado porque el retiro está cerca, le duele más el corazón que la rodilla, esa lesión que le impide entrenar al parejo y jugar los 90. “Me encantaría continuar, pero los dolores en las piernas me llevan al retiro”, declaró el fin de semana pasado, cuando salvó el día. La despedida del futbol mexicano ya empezó y fue con la palabra “¡Obrigado!”

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: , Tw: @_anniemals

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