A Tigres se le respeta como a la madre

La afición de Tigres se asume como la mejor de México, llena su estadio cada quince días, dicen que los ídolos no se hacen fácil porque antes tienen que pasar la prueba, resistir, marcar, entregarse.

Reconocen que les falta la historia de los “grandes”, pero se quedan sin importar el resultado. De acuerdo con otros en la Liga Mx, los seguidores de Tigres son soberbios y exageran en sus relatos sobre cómo viven el futbol. “Si insultan a Tigres, es como si le dijeran algo a mi mamá o a alguien de mi familia”, dice Dante Reséndiz, un joven de 21 años que se esfuerza para recordar cuándo fue que vistió por primera vez la camiseta de este equipo, “seguramente fue por mi abuelo” y así explica que su pasión es tan grande que no importa que acuda al estadio sólo una vez por torneo.

Los abonos se agotan en cada temporada, la inversión va de los 2,800 en zona general a los 28,545 por una suite y conseguir un boleto lleva directo a la reventa; el negocio de muchos es rentar abonos a quienes deben conformarse con un par de visitas al año. Sea como sea, el equipo de San Nicolás puede presumir una ocupación total cada que abre la casa y dicen que cuando juegan, se siente porque las calles aledañas vibran al ritmo de los cantos y saltos. La responsabilidad de la algarabía la tienen los Libres y Lokos, la barra que enamoró a Gignac hasta hacerlo sacar la lengua y hacer señas extrañas después de un gol con Francia. Es amor, dice.

Ahora parece difícil recordar el día en que los estadios no coreaban con acento sudamericano y el puño al viento, pero así debió ser en el Universitario antes del origen de los Libres y Lokos, en 1998; como registra una investigación publicada en la revista Razón y Palabra: “Globalización y origen de las barras La Adicción y los Libres y Lokos”, uno de los fundadores recuerda que el Mundial de Francia les presentó una nueva forma de ser parte en un estadio, las manifestaciones europeas y sudamericanas exhibidas en televisión y en internet fueron el ejemplo. La pasión entonces empezó a ser sinónimo de espectacularidad, el que puede más y mejor; telones impresionantes, globos de colores, mosaicos, bengalas, bombas de humo, bufandas extendidas al estilo inglés. Cuántos han fracasado en el intento de superar lo que hizo el rival en la tribuna, sin importar la inversión, es para el equipo y también para el de enfrente.

Si se trata de llamar la atención con fastuosidad, Borussia Dortmund es inspiración. En 2013, ejecutaron uno de los mejores mosaicos vistos en el futbol europeo en el Signal Iduna Park, otro escenario que puede presumir un 100% de ocupación aún en los malos momentos. Previo a un encuentro de Champions League, de la tribuna surgió poco a poco una figura tridimensional de tela, era un hombre que miraba al campo con unos binoculares, la señal de intimidación, y en el fondo, el “Muro Amarillo” formó la copa con miles de cartones de colores. Por esfuerzos como ese, aficionados de todo el mundo la consideran la grada más impactante. Tigres no compite en logros con el Dortmund, su estadio es de menor capacidad, pero al igual que ellos, sus aficionados son reconocidos por incondicionales junto a Arsenal, Manchester United, Bayern Munich; sus mosaicos y telones son ejemplo en el futbol mexicano.

Sin embargo, pertenecer va más allá de una butaca asegurada. A Dante le dieron un muro blanco y pintura, pudo ser cualquier cosa, pero lo dedicó a “los colores que lleva en la piel” y especialmente a Gignac “porque él sí pela a la gente”. Esa obra le tomó dos días, de 8 a 6 de la tarde no se trató de la escuela ni el trabajo, sino de Tigres. “Un día estaba en la escuela ¡y me mandó un mensaje Gignac!, yo no le había mandado mensaje porque el mural no estaba terminado, entonces me escribió y me dijo ‘muchas gracias, ¿cuándo nos tomamos la foto con el mural atrás?’” El francés acudió a la cita en Avenida Fundidores, llevó una playera de juego y la firmó, Dante no compra camisetas a menos que se enamore del diseño, pero aquella que fue un regalo ya vale más que cualquiera.

En el mismo lado están los que como Eduardo Morales, profesor de primaria y secundaria, compran una camiseta para hacerla parte de su herencia, de la cantidad que ha gastado ni se acuerda. Su colección de cerca de 60 camisetas, iniciada por ahí de 1994, será el tesoro de su hijo, quien no cumple todavía un año, pero ya viste los colores del equipo de casa. En Nuevo León hay que tener equipo, una identidad. Si los ves desde la tribuna o el sillón, la sentencia es clara, el futbol es sagrado. Eduardo va al estadio cuando su rutina lo permite, pero la cita está hecha cada semana: “tenemos mucha influencia de los gringos, ves la barbacoa, la cerveza, es una manera muy diferente de vivir en este lado”. A eso también se le llama no fallarle al equipo.

“No hay afición como la de Tigres, como la de Rayados. Siempre le guardamos espacio en nuestra agenda, en nuestros corazones. El sábado que ni nos lo toquen porque es para ver a Tigres, la playera tiene que estar limpiecita, la gorra también, la botana lista, es todo un ritual”, afirma Dante. El fin de semana empieza antes cuando se trata del Clásico, las camisetas les inflan el pecho, empiezan las burlas y las apuestas.

¿Cuándo comenzó la locura? Esta gente conoce el descenso, peor aún, el Clásico del Descenso, cuando en la 1995–96, Monterrey venció 2–1 y los dejó sin posibilidades de permanencia en la Primera División. Eduardo cree que fue en la derrota que los fieles se aferraron al club: “la gente se da cuenta que el equipo necesita el apoyo. Es cuando se empieza desbocar, en el siguiente año ascienden y es cuando seguimos apoyando y apoyando. Es el preámbulo”.

¿El mejor recuerdo? El título del 2011. Después de 29 años secos, ocurrió entre un clima helado y lluvioso, cálido en las gradas, la copa a costa de Santos Laguna significó el reinicio: “lloramos, cantamos”. Sus historias relatan momentos tristes, los felices tienen como imagen a Batocletti, Núñez, Gaitán, Siboldi, Silvera, Abreu, Lobos.

Su club está a ocho campeonatos del más ganador y la derrota en la final de la Copa Libertadores los alejó del primer plano, la esperanza de que “este sea el año” se renueva cada fin de semana. Inexplicable es desde la mirada de otros que el futbol que ordena “Tuca” convoque a tantos, no es el juego. Hay críticas, abucheos, presión para los jugadores y les faltan motivos de celebración; sin embargo, tienen la fidelidad que miran de reojo en otras partes del país. A Tigres se le respeta tanto como a la madre, se le quiere tanto como para ser legado.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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