Cómo defender el regreso de los torneos largos

La última final de torneos largos.

Es el anhelo de muchos aficionados al futbol, de los nostálgicos que creen en que los viejos tiempos fueron mejores, de los que desean su regreso por recuerdos ajenos o referencias a las ligas europeas y especialmente de los que tienen hambre de competencia. El último torneo largo en México se jugó de agosto de 1995 a mayo del 1996, pero el título ya no estaba determinado por puntos, la liguilla había llegado en el 71, motivada por el negocio de las emociones fuertes. Necaxa fue el último campeón bajo ese formato -de hecho, bicampeón-, tras vencer al Celaya liderado en la cancha por Emilio Butragueño, equipo al que le alcanzó para salvarse del descenso y ser aspirante al título en la misma campaña.

Desde entonces, el club campeón disfruta de la cima comúnmente solo por seis meses y cualquiera que califique a la liguilla tiene las mismas posibilidades de conseguir el título. ¿Pero cuál es el argumento principal que motiva a los aficionados a pedir el regreso de los torneos largos? Cámara Húngara cuestionó a seguidores del futbol mexicano para destacar los puntos principales.

En primer lugar, el nivel, la competencia. Por ejemplo, el campeón Tigres tuvo un torneo de altibajos, con siete triunfos y seis derrotas. Sin embargo, después de perder el título de la Concachampions, clasificó a la liguilla en la séptima posición con una goleada en la última fecha y un plantel que pone a temblar a cualquier clasificado. Otro ejemplo es Morelia, estuvo al borde del descenso hasta el último minuto en la jornada 17 y con un gol de Raúl Ruidíaz no solo se salvaron, clasificaron en el último puesto.

Los aficionados mexicanos le llaman maldición al triunfo del débil contra el poderoso, pero no es dominante, el historial de campeones prueba que el octavo no gana tantos títulos como los primeros tres clasificados. Las opiniones se dividen entre el espíritu de la competencia mexicana y el premio a la mediocridad de jugar bien solo los últimos partidos para ganar el pase. Si no, que consulten al Atlante del Invierno del 96, principal candidato al título que cayó 9–2 ante el reclasificado Toros Neza. Justo para estrenar la modalidad.

Además, a decir de los aficionados, los torneos largos premian la regularidad del club y favorecen los proyectos de largo plazo. En el CL2017 fueron cesados cuatro técnicos. El año pasado, una investigación realizada por este medio, encontró que los técnicos duran en promedio diez meses en el cargo. Chivas es un claro ejemplo, tan solo en la era de Jorge Vergara como dueño del equipo rojiblanco (14 años) han pasado por el banquillo 20 técnicos distintos, con Almeyda parece que encontraron la estabilidad. Tigres es la contraparte, la continuidad de “Tuca” Ferreti, quien desde su segunda etapa iniciada en 2010 se mantiene en el cargo, ha dado como resultado tres de los cinco títulos que posee el club.

Otro punto que resaltan: los torneos largos serían favorables para el debut y desarrollo de jugadores nacionales. De nuevo tiene que ver con la planeación de proyectos a largo plazo que no prioricen los resultados inmediatos obligados por los calendarios con 17 jornadas y escaso margen de error. En el Clausura 2017, la cifra de jugadores extranjeros rebasó los 176 registrados para el torneo anterior con 201. Si partimos de la idea de que los clubes los prefieren por experiencia y cierta garantía de rendimiento, los futbolistas locales tendrían mayor oportunidad en un campeonato largo que necesitaría las rotaciones por la propensión a las lesiones en un ritmo de juego exigente, además de la presión de las competencias alternas. Aunque siempre estará sujeto al interés de los clubes en el desarrollo de sus fuerzas básicas, una plantilla con más jugadores requeriría a los jóvenes en ellas. En el CL2017 debutaron a 22 jugadores y Monterrey, Veracruz, Cruz Azul, Jaguares y Puebla no son parte de la estadística.

En un ejercicio que obviamente no contempla la administración de la plantilla y la dosificación de la carga de trabajo por parte del técnico, si la Liga MX se jugara bajo el formato tan deseado, el campeón sería Tijuana con 64 puntos, por debajo quedarían Pachuca, Chivas y Tigres (55 puntos). Y si el descenso se decidiera también por la tabla, Jaguares se despediría de la categoría con 28 unidades. El incentivo bajo este formato estaría en la disputa de los sitios en la Liga de Campeones de la Concacaf y, probablemente, con otro calendario volverían los clubes mexicanos a la Copa Libertadores.

¿Justicia? Quizás. Pero el futbol ha demostrado una y otra vez que ese valor no aplica bajo sus condiciones y aunque el deseo se mantiene en los aficionados, el futuro próximo indica que seguiremos con las emociones que solo la liguilla provoca. Como la noche del sábado con cinco duelos decisivos en simultáneo.

“Bajo ningún motivo (volver a torneos largos). En la última encuesta que tiene la Liga MX, el 78 por ciento de los aficionados están muy contentos y así seguiremos”, declaró el presidente de la liga, Enrique Bonilla, a mediados del año pasado. Más allá de si sus datos son cercanos a la realidad, la liguilla prioriza el espectáculo y ese parece estar garantizado a pesar de la mediocridad del curso regular. ¿Cuántas veces hemos escuchado a los jugadores decir que “la liguilla es otro torneo”?

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: , Tw: @_anniemals

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals