Robert de Niro en Raging Bull.

Sudor, sangre, victorias, derrotas… el cine se ha encargado de engrandecer el valor del deporte en nuestra vida, el sitio de los ídolos, la perdición del éxito, el temor a perder. Cámara Húngara revisa tres películas que se encuentran entre las favoritas por su valor artístico e importancia en la historia del cine en este género. Esta vez se trata de golpes y no de goles.

Raging Bull (1980)

Martin Scorsese eligió a Jake LaMotta para salir de las sombras, cuando su trayectoria apenas había entregado tres filmes, entre ellos Taxi Driver, y no apuntaba al futuro brillante que firmaría en el camino. Era ahora o nunca. La historia del boxeador estadounidense (campeón del mundo peso medio en 1949) abrumado por los excesos, adicto a los golpes, violento, celoso, lleno de vicios, sedujo al director que prefirió el camino de la introspección frente al de la reivindicación.

En el único filme en blanco y negro de Scorsese, es Robert De Niro el encargado de interpretar a ese sujeto que desde la infancia comenzó a tirar golpes por necesidad, bajo las órdenes de su padre, y sigue peleando sin reparar en la destrucción física y psicológica guiada por los vicios del éxito sumados a sus problemas mentales.

Raging Bull es su apodo, uno a la medida de la tortura sadomaquista que no se detiene y siempre pide más golpes. La exploración de las sensaciones en pleno combate y los sentimientos en los pasajes de su vida llevan del desprecio a la empatía del público con el boxeador.

“No me has noqueado, Ray”, dice Jake en la escena que salpica la pantalla de sangre y sudor, mientras el falso héroe cae moribundo en el ring. Justo como quería.

The Wrestler (2008)

“El único lugar en donde me lastimo es ese”, dice Randy ‘The Ram’ Robinson, mientras señala al ring de lucha y agrega: “el mundo no me importa una mierda”. Randy impone por su altura y los enormes músculos engrasados que exhibe con el torso desnudo y unas mallas pegadas en color fluorescente, lleva una larga cabellera rubia y camina con seguridad; pero está cubierto por las arrugas y el dolor, las cicatrices que exhibe en el cuerpo y el rostro representan solo el daño físico del luchador retirado.

El director estadounidense Darren Aronofsky entrega al público la vida del luchador, ese a quienes algunos niegan el reconocimiento de llamarlos atletas por el show que ocultan bajo los golpes. Randy refleja la desesperación del vacío cuando los reflectores han dejado de apuntar hacia él, el olvido de su nombre y el peso de la vida de “bestias” sobre el cuadrilátero.

El registro es casi espontáneo, documenta el día a día con la cámara al hombro y justifica el uso de la luz natural. Aronofsky nos mete en la vida de Randy, el perdedor cuyos años y oficio han desencadenado el frío de la soledad, pero se mantiene en busca de alguien que desee su presencia en el mundo.

Rocky (1976)

Sylvester Stallone lo construyó entrañable, Rocky se volvió un clásico entre la devoción de público y el aplauso de los críticos, después de ser rechazado varias veces porque nadie confiaba en él como protagonista. Dirigida por John G. Avildsen. Grabada contra el reloj, a partir de un guión escrito en tres días y con un presupuesto muy inferior, la gran recepción fue sorpresa y todavía más la supervivencia a través de los años.

Conocemos a Rocky, el boxeador italiano amateur que lucha a golpes por sobrevivir en Filadelfia, como cobrador y sobre el cuadrilátero, lento en la conversación y torpe en las relaciones personales. Es conocido a donde quiera que va en su barrio, pero ninguneado por su entrenador, Mickey, quien terminará por guiar su destino y ganarse el cariño de los espectadores debido la rudeza paternalista que sacude la conciencia del hombre joven con golpes al ego.

La historia de superación, movida por una pelea que parece invitar a la muerte contra el indiscutible campeón Apollo Creed, entregó una de las escenas más memorables de las películas deportivas. De fondo suena “Gonna Fly Now” de Bill Conti, Rocky corre por las calles de Filadelfia enfundado en un pants gris y un gorro negro, la gente que lo mira pasar lo alienta a seguir el camino hasta los 72 escalones que llevan a las puertas del museo de la ciudad. Rocky alza los brazos, celebra el cansancio, está listo para ganar y claro, dar paso a una saga que se mantiene viva con el recuerdo y el más reciente producto: Creed (2015).

“Escupirás uñas, muchacho. Como dice el tipo: vas a comer relámpagos y vas a cagar truenos. Vas a ser una persona muy peligrosa”, Mickey Goldmill, mientras prepara a Rocky.

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Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals