Cubs vs Murphy: la maldición

“¡Dejen entrar a la cabra!”, gritan desesperados los aficionados. No los culpemos del disparate que parece, cargan sobre sus espaldas la sequía de títulos más longeva del deporte profesional norteamericano y todo por una cabra maloliente que se cruzó en su camino en 1945, a la que acusan de perpetuar el fracaso de los Cubs de Chicago.

Si pudiera tener una máquina del tiempo, seguramente el entonces dueño de la franquicia, Philip K. Wrigley, pediría volver al 6 de octubre de ese año para permitir que Murphy, la cabra del dueño del bar de enfrente, permaneciera en Wrigley Field durante todo el partido ante Tigers Detroit, cuando buscaban su tercera Serie Mundial.

Aquel día, William Sianis, un hombre griego que llegó a Estados Unidos en 1912 y ya era popular por su negocio, creyó que era una gran idea comprar dos entradas: él y su adorada mascota verían el juego en directo, pero no contó con que el mal olor que despedía Murphy sería motivo suficiente para echarlos del recinto. La leyenda cuenta que William, con el orgullo golpeado, defendió lo suyo maldiciendo: “Perderán esta Serie Mundial y nunca volverán a ganar otra hasta que no se le permita la entrada a la cabra”.

Difícil saber si realmente ocurrió así y dejaron escapar las carcajadas incrédulas, pero es un hecho que esa Serie la perdieron -a pesar de ir ganando dos partidos a uno antes de esa tarde y con los cuatro juegos finales en casa-, desde entonces, los Cubs parecen tener prohibida la oportunidad del título que conquistaron en 1907 y 1908. La familia Sianis atribuye la popular frase, supuestamente pronunciada por Billy, a los periodistas que de inmediato llevaron las notas a la portada, pero confirman la existencia de un telegrama que envió a Philip Wrigley al conocer el desafortunado resultado de la temporada: “¿Quién apesta ahora?”

La leyenda se construyó entre los rumores y el fracaso. Las siguientes décadas fueron tan poco alentadoras que Sianis sintió la necesidad de revertir la maldición, lo hizo un año antes de morir escribiendo una carta, pero sin efecto alguno, los malos ratos se prolongaron y otra superstición se sumó al lastre.

En 1969, el equipo con grandes jugadores como Ron Santo, Ernie Banks y Billy Williams parecía haber superado la racha de campañas perdedoras, pero fue insuficiente para sepultar la burla que los perseguía. Por si una cabra era poco, apareció un gato y no cualquiera, uno negro… el rey de las historias malditas. El 9 de septiembre visitaron el Shea Stadium, se encontraron con los Mets de Nueva York en una serie de vida o muerte entre los mejores del campeonato, el felino se escabulló a través las tribunas, llegó al campo, paseó frente al tercera base Ron Santo y se plantó frente a la banca en donde el entrenador Leo Durocher vio caer a los Cubs y ceder el primer puesto. El mejor segundo sitio a la fecha les perteneció. Ya para qué.

“¡Dejen entrar a la cabra!”, la petición emergió de las tribunas, la frustración de una mala temporada exigía la bienvenida del culpable, Murphy obviamente ya no vivía y tampoco Billy, su dueño, pero una de sus descendientes fue recibida con la cordialidad olvidada aquella tarde del 45. Ahora era 1994 y aunque ganaron en el día de su visita, se quedó en anécdota. Las palabras de Sianis retumban en la memoria de los aficionados, la culpa siempre apunta a la mala fortuna.

Podrá parecernos ridículo y hacemos burlas del sufrimiento ajeno, pero ¿las maldiciones inciden en el rendimiento deportivo? Cámara Húngara platicó con Claudia Rivas, maestra en Psicología del Deporte, para descubrirlo: “Todavía tenemos un cerebro muy mamífero, por así llamarlo, en la escala evolutiva y este es ampliamente mágico, trabaja a partir de creencias, no importa lo racional que pueda ser la creencia. De hecho se habla mucho que las creencias falsas producen realidades verdaderas, entonces cuando se ha hecho esta creencia y después entre casualidad y no, la evidencia te la va a reforzando. Después de más de cien años lo que se crea es, en la parte inconsciente de nuestro cerebro más primitivo, la expectativa de: sí, está todo listo pero ¿y si llegara aparecer la maldición de la cabra?”

Los sucesos inéditos siguieron construyendo una historia que bien encajaría en un libro de terror. En 2003 el enemigo fue humano, volvieron a la postemporada con 88 victorias detrás y una pareja de pitchers esperanzadora: Prior y Wood. Era el sexto partido y la serie les favorecía 3–2 ante los Marlins, la victoria significaba el acceso a la Serie Mundial. Con una ventaja de tres carreras y seis outs, el aficionado Steve Bartman evitó que Moisés Alou, outfielder de Chicago, atrapara un elevado de foul para eliminar al bateador… nunca la alcanzó, el hombre con gorra azul de los Cubs, gafas y audífonos saboteó la conquista de su propio equipo, la bola cayó entre la multitud. Él se hundió en su asiento con la vergüenza hasta que los ataques lo obligaron a salir custodiado del estadio. Un furioso Alou lanzó el guante al suelo, sólo el inicio de la remontada de los Marlins con un rally de ocho carreras, el séptimo partido no fue mejor. Los Yankees ganaron la Serie Mundial y Bartman debió perderse en el anonimato por seguridad.

Ni la destrucción pública de la pelota en cuestión en 2014, ni la predicción exhibida en Back to the Future II y menos el llamado “año de la cabra” lograron contrarrestar la maldición en la temporada anterior. Joe Maddon, considerado uno de los mejores managers, consiguió una marca de 97 victorias en 2015 y ahora mismo suman 101, una cifra que no superaban o igualaban desde 1935; son campeones de la División Central, su primer título divisional desde 2008, y accedieron a la postemporada antes que cualquiera con sus pitchers como amuleto: Jon Lester y Jake Arrieta y Kyle Hendricks.

¿Entonces cómo terminar con esa idea? La maestra Claudia Rivas considera que un ritual podría tener mayor impacto a nivel neuronal: “no es algo que puedas destruir fácilmente con lógica. Sí, evidentemente se destruye con trabajo, con un líder muy fuerte que pueda impactar en la creencia de que están por encima de las maldiciones, para eso se necesita converger en un mismo objetivo o discurso desde el presidente o el dueño del equipo hasta el jardinero, no como posición, sino como el jardinero que cuida el pasto, el utilero, el de intendencia porque cuando alguien empieza con: ‘no vamos a hablar de esto’, pero está muy presente, se vuelve a conectar.

Es como un contagio, cuando hay una epidemia de gripa entonces se contagian aunque traigan tapabocas. Por ahí hay un cuento que dice: ‘la peste le pide a Dios llevarse los mil hombres y después va y hace cuentas y dice: te llevaste dos mil y contesta no, yo me llevé dos mil, los otros se los llevo el miedo’. Esto forma parte del folclor popular, pero tiene una razón psicológica y neuropsicológica fuerte, no porque no veamos las creencias o no las estén hablando no están enraizadas como una mala hierba en lo más profundo de los archivos del cerebro”.

“La maldición sigue hasta que la cabra entre”, tuitea en estos días la cuenta de la famosa taberna de William Sianis, el lugar que vive del misterio y la burla. Quieren un boleto; el club no se ha comunicado con ellos. Mientras tanto, el 6 de octubre, una cabra llamada Murphy -en honor a la responsable- será parte de una ceremonia para revertir la condena en el bar de Madison Street.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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