Cada quince días, a veces menos, se para frente a la banca del temible Estadio Azteca desprovisto de defensa, los abucheos no han cesado desde su atrevimiento de dirigir a un club que rechaza su presencia como si de incompatibilidad sanguínea se tratara. Es el “error de Peláez”. El tipo “apático”, “defensivo”, “falto de personalidad”, “limitado”, “carente de autoridad”, “el enemigo que duerme en casa”… es Ignacio Ambriz descrito por aficionados del América.

Contra corriente desde el primer día. Ni siquiera 24 horas pasaron desde la presentación de Nacho y su biografía en Wikipedia ya había sido alterada con comentarios burlones sobre alcoholismo y un vínculo sentimental con Ricardo Peláez; no cuadraba el reemplazo. La despedida de Gustavo Matosas desconcertó, el técnico uruguayo, reciente campeón del futbol mexicano, con porte elegante y hasta arrogante parecía clave de un proyecto exitoso, pero pidió demasiado, entonces se puso las gafas oscuras y les encargó el Mundial de Clubes.

Rubén Omar Romano, Daniel Brailovsky, Javier Aguirre e Ignacio Ambriz eran las opciones. Ninguna demasiado alentadora, menos a la par de las exigencias. La crítica se centró en la pobreza de la trayectoria del último, con cuatro equipos en su historial: Puebla, San Luis, Chivas, Querétaro y menos del 45% de efectividad, sin conseguir semifinales de liga. Osasuna y Atlético de Madrid figuran en su perfil como auxiliar de Javier Aguirre. La ilusión y el hambre de títulos fueron su aval, así defendió Peláez la decisión y refirió a las mismas cualidades del ‘Piojo’ para convencerlos de abrazar el proyecto de Nacho. A Miguel Herrera todavía lo aclaman.

Como jugador, un líder fuerte, aguerrido, un contención infranqueable, con potencia para los disparos de fuera del área y hasta capitán de la Selección. Su palabra favorita: humildad, es la contradicción en un club que no está interesado en venderse por menos de lo que dicen merecer como el máximo campeón del futbol mexicano. Toda la distancia posible del odio que han trabajado durante décadas, desde la elección de jugadores que rompen el mercado hasta técnicos que se regocijan de las victorias en las lágrimas del rival sin temor a la riña. La imagen del club todopoderoso peligra ante el alcance económico de otros clubes en reconstrucción de su categoría y América eligió el perfil bajo.

“Jugaremos con el cuchillo entre los dientes”, esa frase le gusta, la usó con los rojiblancos, la repitió cuando Gallos Blancos estaba al borde del descenso, llegó la ocasión como Águila y volvió a pronunciarla. Error de transmisión del mensaje en el grupo equivocado: 66 tarjetas amarillas, 9 rojas, el equipo más indisciplinado en el primer torneo bajo sus órdenes. La semifinal perdida frente a Pumas señaló el trabajo en el vestuario: cuatro expulsados en la serie: Paolo Goltz, Rubens Sambueza, Pablo Aguilar y Miguel Samudio. Entonces, el arrepentimiento: “necesitamos tener cabeza fría”, dijo en enero. Los rumores lo sacaban de Coapa y Ricardo Peláez avaló la continuidad tras el frustrante viaje a Japón por el Mundial de Clubes, volvieron con un quinto puesto y el orgullo hasta el suelo.

Ignacio Ambriz fue parte de una Selección Mexicana de la que hoy se habla con nostalgia, la de Mejía Barón, compartió cancha con Jorge Campos, Ramón Ramírez, Claudio Suárez, Hugo Sánchez, “Zague”. Entre tanta personalidad y calidad de juego, destacó su carácter para merecer el gafete; cualidades que también distinguió Javier Aguirre al llevarlo de auxiliar a España. Sin embargo, el técnico de 51 años nunca ha pretendido una imagen distinta a la que semana a semana exhibe en el banquillo: “A lo mejor no soy un tipo que use traje o que sea de muchas entrevistas, si usara corbata en los partidos siento que me la estaría aflojando todo el tiempo. Por ahí se ha mencionado que al no ser tan llamativo me falta carácter, que no tengo mano dura, pero bueno, lo entiendo, porque no soy un tipo que esté gritando y de hablar cada semana”, se sinceró con Reforma.

En Chivas fue acusado de permitir que los jugadores bebieran cerveza en un autobús, en América aplaudió que Marín y Güemez se pelearan en un entrenamiento porque la competencia fortalecería a la plantilla y terminó con más tarjetas que satisfacciones. Clubes que viven acostumbrados al acoso de la prensa y el escrutinio de los aficionados confiaron primero en su deseo y luego en la experiencia. Hoy dice saber lo que implica dirigir a las Águilas con Oribe Peralta, Pablo Aguilar, Darwin Quintero, Rubens Sambueza y Paul Aguilar en el vestidor. Pero en la tribuna no se sienten representados.

Ha fallado al espectáculo, se ha disculpado una y otra vez. A poco menos de dos meses del Centenario, la decepción lleva su cara, se le acaban los defensores: 48 partidos de Liga (liguillas incluidas), 24 triunfos; prometió un equipo propositivo y están entre los más ofensivos del torneo… también entre los que peor defienden.

Los jugadores tienen un nuevo boleto para Japón en diciembre, éste sí es de Ambriz, pero él duda si tendrá la oportunidad de borrar memorias. El sábado dirigirá su quinto Clásico como americanista, asegura que “no hay crisis”.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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