Tiene 14 medallas de campeonatos mundiales, 10 son de oro, lo ha ganado todo en este ciclo olímpico, es Simone Biles.

Quizás usted no la reconoce -y ella prefiere que sea así por ahora- pero está llamada a conquistar Río enfundada en un leotardo. Serán sus primeros Juegos y podría arrasar con casi todo, junto a su equipo. Mide 1,45, la estatura no habla por su espíritu, tiene 19 años y ha comenzado una revolución sobre las colchonetas, la viga y el caballo, mientras intenta llevar una vida de adolescente normal en el cuerpo de la atleta más promisoria de la gimnasia estadounidense. La comparan con Serena Williams, LeBron James, Tom Brady y hasta Michael Jordan por la supremacía.

“No puedo mirar hacia adelante, cualquier cosa puede pasar”, dijo Simone, cuando en 2013 le preguntaron si se veía en los próximos Juegos Olímpicos. Recién había ingresado a la selección mayor, una cuestión de edad más que de capacidades porque se quedó a un par de meses de integrar la lista en Londres, ocasión de su compañera de equipo y medallista de oro en el all-around por equipos e individual, Gabby Douglas. A menudo la confunden con ella porque ambas son afroamericanas y jóvenes, Simone ya aprendió a lidiar con ese hecho y a responder las preguntas sobre quién de las dos es mejor: “Le gané, ¿está bien?”, replicó la última vez; ellas han rechazado el cuento de la rivalidad.

Dominique Dawes fue la primera mujer afroamericana en colgarse una medalla olímpica en una competencia individual de gimnasia, los prejuicios sobre el color de piel, la forma de su cuerpo y hasta su rostro la acosaron desde los primeros pasos, en una época dominada por el concepto de belleza bajo la imagen de las atletas europeas; el cetro les había pertenecido desde el origen. Aquella vez obtuvo bronce y demostró que no existe exclusividad en el talento, han pasado 20 años, el racismo está lejos de ser un tópico que le robe el sueño a Simone Biles.

Cuando tenía 16 se plantó en lo más alto del podio en Bélgica para recibir el oro en el Mundial, el primero de la decena que ahora guarda en casa; eligió ese escenario para explotar. Atrás, en cuarto lugar, dejó a la italiana Carlotta Ferlito, quien derrotada expresó una broma de la que después se arrepintió: “Le dije a Vane (su compañera de equipo) que la próxima vez podríamos pintar nuestra piel de negro y entonces podremos ganar también”. El eco en los medios de comunicación la obligó a explicarse vía Twitter: “Quiero disculparme con las chicas americanas. No quería sonar grosera o racista. Amo a Simone y soy una gran fan de las gimnastas estadounidenses”.

Muy tarde. El mensaje había llegado a la familia de Simone, el más molesto fue Ron Biles: “Normalmente no está a su favor ser negra, al menos no en el mundo en el que vivo”. Esa percepción es la de miles de ciudadanos en Estados Unidos, este año, un estudio del Pew Research Center reveló que 7 de cada 10 negros consideran que la discriminación racial es un motivo que complica su desarrollo en el país. El 45% denuncia que en 2015 vivieron por lo menos una experiencia en la que fueron tratados como si su capacidad intelectual fuera menor a la del resto. Se trata de una lucha que Ron sí debió pelear, pero evitó en el camino de sus hijas, Simone y Adria, cuando decidió adoptarlas junto a su segunda esposa, Nellie Biles.

Él fue su abuelo hasta que su hija Sharon dejó de cuidar a sus bebés por una severa adicción a las drogas y al alcohol, del nombre del padre biológico ni se acuerdan; ellas, junto a otros dos hermanos, fueron llevadas a un orfanato. Salió de ahí a los tres años de edad,con Adria, de la mano de ese matrimonio que le ha escrito una historia distinta al destino de Simone; los Biles construyeron su propio gimnasio a unos minutos de casa en Spring, Texas. Es el World Champions Centre, un lugar con todas las comodidades necesarias y hasta más. Hoy, sus hijas deben ocuparse sólo en estudiar y preparar la siguiente competencia; quizás por ese motivo las respuestas sobre aquel episodio con Ferlito son vagas; le afectó en el momento, según declaró la madre, pero lo dejó ir. La batalla por una mejor calidad de vida ocurre a diario en su país, en donde el 66% de los afroamericanos encuestados por el Pew Research Center confesó haber sufrido exclusión en su lugar de trabajo por motivos raciales.

La discriminación existe hasta en los detalles más insignificantes de este deporte. En 2012, Gabby Douglas apareció en competencia con una cola de caballo lacia, igual que sus compañeras de equipo, el peinado fue motivo de discusiones en Twitter al considerar que no representaba a la comunidad afroamericana o que era muy desalineado. “¿Qué hay de malo con mi cabello? Simplemente lo peiné hacia atrás, puse algunas horquillas y lo arreglé en un chongo. ¿Es una broma? ¿Hice historia y ustedes se enfocan en mi cabello?”, reclamó la campeona olímpica.

Simone es bajita, pero su cuerpo no responde al estereotipo de finura, marcado por las grandes leyendas, los bíceps y cuádriceps están bien definidos, los hombros sobresalen y la fuerza de sus movimientos impresiona por la precisión en el aterrizaje y su ubicación en el aire. Biles ha enfrentado con mayor frecuencia las desaprobación debido a la forma de su cuerpo, para los conocedores, es una revolucionaria de la práctica deportiva como la conocíamos y los críticos recriminan que la gimnasia de los desplazamientos artísticos suaves y delicados muere con cada paso de Simone. En parte es por la despedida del sistema de puntuación que dio a Nadia Comaneci el diez perfecto hace 40 años, el código actual califica dos rubros, sumados al final: ejecución (hasta el 10) y dificultad (puntaje infinito), un inconveniente para las menos osadas. Las rutinas preparadas para estos Juegos intimidan a su competencia.

Dos planchas, media vuelta en el último segundo y aterrizaje a ciegas, ese es el “Biles”, un movimiento sobre el piso que ya lleva su nombre, un logro de pocos. Es apenas una adolescente y a veces se olvida que la fama la escolta mientras camina, ahora acude a las competencias de su hermana acompañada por un guardaespaldas porque confiesa que no quiere molestar a quienes la rodean con la insistencia de sus fanáticos, pero se da tiempo para firmar autógrafos en los descansos de las exhibiciones de Adria. Se topó con la popularidad cuando volvió de aquel campeonato en Bélgica con la medalla dorada reciente, en ese entonces declaró: “Nada ha cambiado. Las pequeñas en el gimnasio me vuelven un poco loca diciéndome hola, abrazándome y esas cosas, pero es todo”. Tres años después, Simone es la portada de la revista Time, alguna vez lugar de Michael Phelps, LeBron James, Marion Jones, Michael Jordan, Magic Johnson, Nadia Comaneci.

La pequeña de seis años que fue descubierta por la entrenadora Aimee Boorman mientras imitaba los movimientos de las profesionales en un gimnasio local, hoy es patrocinada por Nike, Coca Cola y GK Elite, tiene su propia línea de colchonetas para gimnasia y desea sentirse normal. Usa mucho las redes sociales, le gustan las selfies, adora la pizza porque no tiene declarada la guerra contra su dieta -impensable en la vida de una gimnasta- y de vez en cuando come cereal de una caja que lleva una fotografía suya al frente. “La gente dice que soy la mejor, pero todavía no lo creo. Creo que si voy a los Olímpicos y lo hago bien, tal vez entonces lo creeré”, dijo en una entrevista a New Yorker.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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