¿Hay vida después de Roger y Rafa?

Nos encantaría que jugaran toda su vida, que nos deleitaran con sus rivalidades, pero la era de los dos grandes algún día llegará a su fin.

Enero del 2017, final del Australian Open. El octavo juego del quinto set estremeció. Nadal había salvado tres puntos de quiebre, la lucha era extenuante, en cada intercambio gimió para liberarse. Federer devolvió en silencio, quiso obligarlo a adelantar algunos pasos y el español buscó extender la cancha. El público olvidó la cautela y se dejó llevar por el golpeo de la bola con gritos de asombro. Fueron 26 tiros, un rally ganado por el suizo con un disparo de derecha en la línea. Cerró el puño y fijó la mirada en el punto.

Después de casi tres horas, una prueba exigente para ambos al salir de las lesiones que amenazaron con retirarlos, Federer jugó su segundo match point, ese golpe de derecha sobre la línea hizo desconfiar a Nadal, pidió la ayuda del Ojo de Halcón y esperaron algunos segundos para confirmar el golpe certero. Federer ganó así, entre saltos que recuerdan a un pequeño novato y las lágrimas del hombre experimentado que había fallado tantas veces tras el título de Wimbledon en 2012.

En la tribuna se volvieron locos, esa rivalidad de la que todos se dicen testigos orgullosos regresó esa noche en Melbourne Park. Si preguntamos, no habrá una sola persona que desee el final de la época dominante de estos dos. Junto a ellos hay otros como Novak Djokovic y Andy Murray, a quienes apuntaron en 2013 como el relevo de esa disputa. A pesar de las emociones, de los títulos de dos atletas que vinieron de abajo con esfuerzo para romper la hegemonía, la sensación es distinta porque el tiempo ha demostrado que las rivalidades se construyen con mucho más que triunfos. Estarán en la historia, sin duda, pero la afición se niega a reconocer en ellos a los herederos. Critican su carácter, los comparan siempre y a veces, demeritan sus conquistas. Parece una batalla por no permitirles el sitio histórico.

El español estaba a su lado, recibió el halago después de reconocerlo: “ese objetivo durante muchos años ha sido él”. Su rivalidad es tan amistosa que no encaja en lo usual, faltan las malas caras y quizás la provocación. Es el tenis, un deporte usualmente apegado a lo políticamente correcto, pero también la personalidad de dos deportistas que fallan poco la imagen modelo y hacen pensar que no volveremos a disfrutar de una época así.

El 2017 ha abierto los ojos de los incrédulos, la rivalidad se editó, ¿pero cuánto más podrá vivir?

Antes de ellos, en los 80, estuvieron Ivan Lendl y John McEnroe, Boris Becker y Stefan Edberg. En los 90, Andre Agassi y Pete Sampras. Seguramente con el fin de cada una de ellas se cuestionaron si ocurriría de nuevo. Los partidos de Federer y Nadal son seguidos por las miradas aficionadas, pero despiertan el interés de los que se reconocen ocasionales y afortunados de tener en ellos a los protagonistas de las historias que contarán a los más jóvenes en un par de años.

El español considera que el joven alemán de 20 años, Alexander Zverev es el “abanderado” por sus cualidades: “el más completo, el jugador que está más centrado y con evolución más rápida de esta generación”. Junto a él pisa fuerte el australiano de 22 años, Nick Kyrgios, más conocido por sus irreverencias debido al enfoque mediático, pero su talento, cuyo juego está basado en el poder de su servicio, es destacado por sus compañeros de experiencia. Solo le piden calma.

Kyrgios venció a Nadal en Cincinnati, fue la victoria 100 en su trayectoria, 80 minutos de superioridad que orillaron al español a buscar ánimo en el propio aliento: “¡Vamos, vamos!”, se repetía mientras el australiano lo superaba en tiros certeros. Nick arriesgo, mantuvo arriba la inspiración y falló en 18 ocasiones contra 26 de Rafael.

El miedo parece inexistente en él, es osado, y Alexander se atreve también. En marzo, Zverev y Kyrgios se encontraron en el Miami Open. Nick presumió su talento con un golpe que pasó por debajo de las piernas saltando. La reacción fue de sorpresa en el público. Él sonrió, abrió los brazos y se dejó querer entre aplausos. Al otro lado de la red, una mueca de desagrado. Nick lo hizo antes cuando buscaba romper la igualdad a dos juegos en el primer set: golpeó la bola por debajo de las piernas y en respuesta a la bravía de Zverev, ejecutó un Gran Willy para ganar el punto. El duelo fue una batalla de talento, Alexander mostró lo suyo con un globo que pasó por encima de australiano y besó la línea con sutileza.

“Kyrgios es un jugador que lo tiene todo para estar lo más alto posible”, considera Nadal, pero pone en la balanza el compromiso del jugador. Punto que ha sido cuestionado por otros tenistas en los últimos años. Rodeado de apasionados al tenis, que golpean raquetas enfadados por perder un punto, lloran las derrotas y sufren los recesos, parece no existir lugar para los puntos medios, menos para los comentarios que minimizan el impacto del deporte en su vida.

En mayo, Zverev derrotó a Djokovic y se convirtió en el primer jugador nacido después de 1990 en ganar un Masters 1000. Roma fue escenario de una exhibición de total dominio. La cancha parece ser su sitio natural. Sus movimientos fluyeron, metió 7 aces e impuso el revés que empieza a caracterizarlo. Con una personalidad atractiva, Zverev sigue los consejos de su ídolo Roger Federer: “Ha sido de mucha ayuda para mí al comienzo de mi carrera y pienso que ha sido igual para el resto de jugadores”. En Montreal, Masters 1000 previo a este US Open, Alexander venció al maestro, se quedó con el título. Un golpe fuerte sobre la mesa.

El lugar de honor todavía no está vacante, Federer, Nadal, Murray y Djokovic se mantienen en la zona, pero al lado vienen ellos. Con reloj en mano, los seguidores del tenis se preguntan ¿quién ganará primero un título de Grand Slam?

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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