La desafiante existencia del RB Leipzig

De la cabeza de toro todavía escurría sangre, dejó su marca sobre el suelo. El gesto del animal era repugnante, el olor que desprendía la carne muerta seguramente lo fue. El rechazo encontró una asquerosa forma de representación. Lo hicieron los aficionados del Dynamo Dresden, de la segunda división del futbol alemán, cuando lanzaron una cabeza de toro al campo mientras su equipo se enfrentaba al RasenballSport Leipzig. Su nombre debería de ser Red Bull Leipzig, pero las reglas de la Bundesliga impiden que una marca forme parte de la identidad de los clubes. El escudo de su camiseta tampoco es explícito, los toros pretenden ser otros, solo esconden el logotipo inconfundible de la bebida que “da alas”.

El odio al futbol moderno es añejo en Alemania, en donde los ultras se manifiestan abiertamente en contra de la injerencia de las grandes marcas en el juego. En una época de botines fluorescentes, peinados extravagantes, atuendos cubiertos de logotipos y claro, equipos construidos a billetazos, desde la tribuna pretenden obligar a mantener lo que consideran tradiciones. A los radicales los critican por la hipocresía de negarse a pertenecer a una industria que, de cualquier forma, ha permitido el desarrollo de ese futbol que defienden. Otros tantos respaldan la lucha contra lo nuevo.

El Leipzig existe porque la empresa de bebidas energéticas que preside Dietrich Mateschitz compró en 2009 el sitio del SSV Markranstadt, un club intrascendente de la quinta división, a pesar de haber nacido en Leipzig, el sitio del primer campeonato alemán en 1903.

De ellos no sabríamos si alguien hubiera aceptado antes la propuesta de Mateschitz, pero entre autoridades y aficionados en contra, el Markranstadt fue el único que eligió la desaparición a cambio del alivio a los problemas económicos que ya los ahogaban. El millonario empresario probó su fórmula primero en su natal Austria, en 2005 le quitó el nombre al SV Austria Salzburg para dejar su marca: FC Red Bull Salzburg. De su identidad borraron el violeta para combinar el blanco con el rojo. Después llegaron el Red Bull New York (2006), el Red Bull Brasil (2007) y el Red Bull Ghana (desaparecido); todos comparten el logotipo de los toros. Ninguno de sus proyectos ha sido tan ambiciosos como el posicionamiento del Leipzig en una de las ligas más importantes del mundo, con todo y sus ideas arraigadas.

El propietario de esta máquina de despertar odio dice que el deporte es prioridad sobre el dinero, pero su irrupción ha sido tan desafiante que así como ocurre en la tribuna, el resto de los dueños dice defender la tradición de su futbol y más de uno se ha manifestado en contra de ese Leipzig que en cuatro años escaló de la quinta división a la Bundesliga.

En mayo del 2016, consiguieron el ansiado ascenso que el dueño se había planteado con cautela un par de años antes: “Hay cosas que necesitan tiempo y fases de consolidación. Los años pasan rápido, pero estaremos ahí tarde o temprano”.

El proyecto requirió una gran inversión que lejos de estar destinada a armarse de figuras de popularidad mundial se enfocó en la formación. Su academia -habitual en el futbol alemán, no así en la historia de los protagonistas nacientes en la élite europea- requirió 35 millones de euros, trabajo, paciencia y la incursión de un talento experimentado: Ralf Rangnick, asignado en la dirección deportiva en 2012 para la optimización de los recursos. La mayor muestra de respeto a los ideales de la Bundesliga alemana.

Si la existencia del Leipzig ya representaba un desafío a la honorabilidad de la liga, Rangnick se ha atrevido a criticar el conservadurismo a propósito de la regla que obliga a que por lo menos el 51% de la entidad deportiva pertenezca a los socios.

Condición que amenazó su existencia desde el inicio, pero supieron saltarla con la presencia mínima: 17 miembros de la empresa que fueron incluidos en el organigrama. Los grandes clubes cuentan miles en sus consejos, el Leipzig opera con los menos.

Sobrevivieron a la limitación, no así a la crítica que los señala por burlarse de la historia de la competencia. “Está pasado de moda (…) Borussia Dortmund tiene 150 mil miembros, pero no tienen influencia en las decisiones estratégicas que toma el club. ¿Crees que Porsche, Mercedes o DHL preguntarían a sus consejos que deberían hacer antes de tomar cualquier decisión? Lo mismo pasa en el futbol. Esto se trata de tener a las personas correctas tomando las decisiones correctas para el club”, dijo Ralf Rangnick.

Desde que adquirieron el nuevo nombre y el recinto deportivo más grande del este de Alemania para nombrarlo Red Bull Arena, fueron víctimas de vandalismo en su campo y de la mayor muestra de rechazo: la indiferencia, porque varios clubes se negaron a los enfrentamientos amistosos. Sin embargo, fue imposible ignorarlos cuando, bajo las órdenes de Ralph Hasenhüttl en su temporada debut, sumaron 14 duelos invictos hasta que el Ingolstadt con un solo gol los derrotó.

El Leipzig terminó segundo, con siete derrotas en la temporada, su presencia no fue tan amenazante para el Bayern Munich respecto al título, lo ha sido para el resto. El 13 de septiembre, el equipo alemán de Red Bull hará su debut en la Champions League, recibirá al Mónaco, luego viajará a Besiktas y a Porto para superar la fase de grupos. Aun si no lo consigue, su desempeño ya superó al de su hermano mayor austriaco, a pesar de ser el campeón del torneo local, el Salzburg se quedó en la tercera ronda de clasificación.

La discordia entre hermanos existe. El club alemán es prioridad para Red Bull y con mayor razón ahora que trabajan en proyectarse como club -incluso en beneficio de la ciudad que ha aprovechado al futbol como vehículo para darse a conocer-.

Los seguidores austriacos no están para nada de acuerdo y han demostrado su repudio a la forma de operación de los dirigentes que se han beneficiado de su equipo como terreno de prueba de los talentos de exportación a la Bundesliga. Un negocio que busca formar para luego vender o incorporar. Mateschitz está seguro de que la única opción de los jugadores excepcionales es la Bundesliga de Alemania.

Neyba Keita es el mejor ejemplo. En 2014, con la camiseta del Salzburg, fue nombrado Jugador del Año de la Bundesliga Austriaca, y poco después, se incorporó al Leipzig para colaborar en su posicionamiento inmediato en la primera división. Con 22 años, su trabajo fue tal que, además de ser determinante para la clasificación a Champions League, llamó la atención de varios clubes de europa y fue Liverpool el que aseguró la compra que será efectiva hasta el siguiente verano a cambio de 52 millones de euros. El fichaje será el más caro en la historia de los Reds.

Andreas Ulmer fue protagonista del episodio más divertido de esta hermandad que ni la UEFA ha podido evitar porque legalmente Red Bull es dueño del Leipzig y patrocinador principal del Salzburg. En julio de 2016, durante el descanso de un partido del Salzburg en Champions League, el jugador cambió la camiseta con un rival y para el segundo tiempo, utilizó una prenda limpia pero con el escudo equivocado. El diseño era el mismo, a excepción de un detalle, debajo de los toros se leía: RB Leipzig. El club culpó a Nike por la confusión en envío de los productos.

En sus filas han hecho crecer a Joshua Kimmich, Timo Werner, Diego Demme, elegidos en determinado momento por parte de Joachim Low para la selección alemana. No importa, de los ataques no se libran. La cabeza de toro quizás fue la más escandalosa de las protestas, pero el Leipzig se ha enfrentado al luto de los seguidores, al silencio sepulcral que los acusa de robar el alma de la competencia alemana, al ataque del autobús con piedras, a las publicaciones irónicas en los diarios y a las enormes mantas exhibidas cada que ponen un pie en un nuevo destino: “Sacrifiquen al toro”, “Red Bull, enemigo del futbol”, “la tradición no se compra” y la más concreta: “En Leipzig ha muerto la cultural del futbol”.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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