La literatura futbolera en México

“En la FIL Guadalajara la gente ve futbol”, dice el tuit que puede leerse con el tono que prefiera, lo acompaña una fotografía: justo entre dos stands repletos de libros hay una pantalla pequeña y frente a ella se apretujan señores, señoras, jóvenes, niños; el motivo: Pumas vs América, la semifinal del año pasado. Les interesan los libros y también seguir el balón, ¡vaya atrevimiento!

Los mexicanos apenas dedican tiempo a leer, unos 39 minutos al día porque su principal pasatiempo es la televisión, eso indica la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura. Quienes lo hacen cuentan con estudios superiores y un ingreso mensual por encima de los 10 mil pesos. Pero si eres aficionado al deporte y lector, además hay que sufrir la búsqueda de libros especializados.

La literatura deportiva no inició hace un par de años, sino cientos; los historiadores cuentan que los primeros relatos ocurrieron con los antiguos Juegos Olímpicos, en las competencias de atletismo. El movimiento entonces llegó tarde y no ha terminado por asentarse en México, ni con el deporte más popular. La mayoría de las publicaciones consumidas tienen origen en Argentina, España y Estados Unidos. ¿Sobre los autores futboleros?, los nombres de Villoro, Galeano, Sacheri aparecen en automático; hay muchos más, pero sus obras quedan lejos de los interesados.

La relación se ha estigmatizado a lo largo del tiempo, un rechazo al futbol alimentado por referencias a Jorge Luis Borges, Jean Baudrillard, Rudyard Kipling. Contra la crítica, los escritores han encontrado un espacio para relatar el juego desde los personajes. Lo explica el escritor peruano Santiago Roncagliolo en entrevista para El País:

“La literatura se ha estado bajando del pedestal y se ha acercado más a la vida cotidiana. Hay un cambio entre los escritores latinoamericanos de mi generación y los escritores del boom. Ellos escribían del patriarca, del dictador; nosotros, de las pequeñas personas. Miramos hacia un mundo más pequeño. Y si estás mirando a la vida real, a la vida cotidiana y práctica de la gente, acabarás topándote con el fútbol tarde o temprano. Hay pocas cosas tan universales, tan conocidas y tan iguales en todos los países”.

En México, la distribución está limitada a un par de tiendas en la capital, el servicio de Amazon y Gandhi, con los altos costos que implica la importación. Los lectores aficionados refieren a Futbología como la primera opción, una librería que inició en 2004 por el gusto de su propietario Humberto Meléndez:

“(el mercado) era muy pequeño, lo que movía era con mis amigos, con gente que conocía, pero yo no tenía un local establecido, me movía por recomendaciones y poco a poco fui abriendo un local, luego la página de internet; digamos que el mercado existe, de 120 millones de personas que no lean de fútbol un millón o dos millones a mi se me hace imposible, o sea, el mercado existe nada más que hay que buscarlo”, cuenta para Cámara Húngara.

El interés por esos títulos ha crecido y parece difícil de creer que sean los medios digitales los que impulsen el consumo de libros en papel, así las biografías de los jugadores de futbol, tenis, basquetbol y box han sido pedidas o buscadas fuera de las fronteras.

Futbología es parte del incremento en la demanda: “lo veo exponencial porque, por ejemplo, (al inicio) tenía 100 libros diferentes o 50, ahora tengo más de 1000. Las negociaciones con proveedores en España o Argentina eran una o dos, ahorita son treinta”.

Su librería tendrá un stand en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara por noveno año consecutivo. Ese lugar ha sido punto de encuentro de escritores para charlar sobre literatura y futbol con los exponentes actuales: Jonh Carlin, Francisco Mouat, Jordi Soler y algunos más que iniciaron en sus letras motivados por los “destructores” de la frontera del prejuicio: Manuel Vázquez Montalbán, Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa. Entonces en las ferias del libro también se puede ver futbol, ¿por qué no?

Juan Villoro es el autor más reconocido en este territorio y cree que los partidos se pueden ver desde el punto de vista literario. “Las palabras pueden evocar imágenes cuando son eficaces si representan lo que queremos transmitir. (Todavía) veo la jugada que nos dejó (a la Selección Mexicana) fuera, del jugador español Paco Gento: pude ver su jugada gracias al poder de las palabras”, dijo en recuerdo del primer Mundial que siguió gracias a la radio, el de 1950, en una charla en la Biblioteca José Vásconcelos.

En las bibliotecas ya se habla de futbol, pero las publicaciones siguen siendo escasas: “Te puedo hablar del caso de Planeta, en Argentina es una cosa y en México otra. En México no le interesa, digamos que no le importa el futbol o el deporte o no le ve negocio, no sé cuál de las razones sea, nunca he hablado con gente de Planeta. Pero, por ejemplo, cuando Juan Villoro les da Dios es Redondo o Balón Dividido, lo publican y sacan cinco mil o diez mil ejemplares y los venden; entonces si ellos siguen con la idea de que no es negocio, están equivocados”, dice Humberto Meléndez.

Continúa: “En estos diez, once años, he conocido a autores independientes mexicanos en Monterrey, Michoacán, León, en varias ciudades, se me acercan y me dicen: ‘tengo mi libro’; por ejemplo, uno en Monterrey tiene su libro de estadisticas de futbol mexicano desde 1943, cuando inició la época profesional, hasta ahorita y le he vendido sus libros como Futbología, no se venden en ningún otro lado (…) O sea, sí hay mucha gente y muchos autores que quieren escribir pero no encuentran oportunidad.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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