Leicester, en territorio de gigantes

El futbol no parecía estar hecho para disfrutarse en una ciudad como Leicester. Sus aficionados crecieron con la ligera esperanza del equipo pequeño que sueña más de lo que realmente puede y como bofetada a los incrédulos que renuncian sin intentarlo, consiguieron el título de la Premier League cuando apenas se limpiaban las heridas de la temporada anterior, bastante lejos del precipicio y a las puertas de la máxima competencia de clubes en el mundo. Motivo suficiente para la reunión del 79% de los habitantes en la fiesta del campeonato en Victoria Park, cuerpos viejos con almas jóvenes; ahí estuvieron los fieles de la piel arrugada y los herederos de la tradición. Los sandwiches de pan azul acompañados por papas Walkers y bebidas con el nombre de los héroes fueron parte del banquete.

Antes de hacer suyo el futbol inglés, al menos por una temporada y para la historia, este lugar ubicado a 143 kilómetros de la capital de Inglaterra era sólo otro punto en el mapa, el paso hacia otros destinos y el sitio de la fábrica de papas más grande del mundo. Una ciudad común con algunos museos, universidades y un enorme mercado cubierto con amplia variedad gastronómica, prueba de la multiculturalidad característica de Leicester. El censo del 2011, de la Oficina Nacional de Estadísticas, reveló que allí los británicos blancos ya son clasificados como un grupo minoritario (45%), resultado de la migración que inició desde fuera del continente en 1950, se intensificó en los años 70 y ha ido en aumento en la década actual, a tal punto que la población india representa el 28.3%, un crecimiento significativo de la comunidad respecto al censo realizado una década atrás. El futbol en el King Power Stadium es sitio de coincidencia entre africanos, chinos, paquistaníes, bangladesíes y británicos.

Lo suyo era el rugby, mucho menos mediático en el lado americano del mundo, sí más exitoso que vivir de las patadas con escasas alegrías a cambio. Su equipo es Leicester Tigers, máximo campeón de la Premiership Rugby con diez títulos, además de dos Copas Europeas. El cricket también tenía su lugar con el Leicestershire Country Club, existente desde 1879, y con tres campeonatos en la County Championship, liga doméstica de Inglaterra y Escocia. Al fin el Leicester del futbol saldó la deuda teniendo a Jamie Vardy como líder, un desesperanzado de las canchas, antes obrero de una fábrica de prótesis y relegado a la séptima división.

Tampoco hablamos de una ciudad gris, la música los puso en el mapa cuando Kasabian recorrió el mundo con su rock alternativo. Ahí estaba el compositor Sergio Pizzorno vistiendo una camiseta de los Foxes cuando el equipo era anónimo para quienes sólo se enfocaban en sentir el electrizante ritmo de sus composiciones, más tarde convertidas en un himno de vestidor de la selección española e inspiración del equipo de Ranieri a minutos del pitazo inicial. En su irreverencia nunca ha pretendido esconder el amor por el futbol y el deseo de patear balones como profesión. “Este es un pueblo underdog, pero está teniendo su pequeño momento. Muchas grandes ciudades están acostumbradas a este tipo de cosas, pero ahora hay una luz brillando sobre Leicester”. Desde 1997 existe Kasabian, pero su fama llegó en 2005, cuando acompañaron a Oasis en sus compromisos europeos. Mencionar a Leicester empezaba a remitir a Pizzorno, Edwards, Karloff y Meighan.

El hallazgo de un cadáver ha sido considerado un golpe de fortuna en la región. En 2012, los restos óseos del rey inglés Ricardo III, fallecido en batalla en 1485, fueron descubiertos en un estacionamiento e identificados por la universidad local. El funeral solemne ocurrió en marzo del año pasado, poco antes de que los Foxes conquistaran el futbol. Un hombre referido por Shakespeare en una de sus tragedias como un villano repugnante es para muchos locales el “responsable” del éxito deportivo, entre el peso negativo de su historia, prefieren creer que se trata de una especie de magia y hasta el alcalde se niega a refutar esa creencia.

Sin embargo, antes del nombre de Ricardo III está el de Vichai Srivaddhanaprabha, el millonario empresario tailandés que se propuso la nada sencilla tarea de tener un equipo que irrumpiera en los planes de los históricos de la Premier League, en donde sólo cinco equipos la habían ganado en su nuevo formato: Manchester United, Arsenal, Chelsea, Manchester City y Blackburn Rovers. Su inversión fue importante, aunque la plantilla era la cuarta menos valiosa de la temporada y el jugador más costoso, Riyad Mahrez, valía 12 millones de dólares, cifra pequeña con respecto a los equipos ricos que se quedaron fuera de la Champions League, como el Manchester United, Chelsea y Liverpool.

El técnico Claudio Ranieri -el líder en quien pocos confiaban y demostró la valía de su experiencia- dijo a los aficionados: ‘Keep dreaming, don’t wake up!’, mientras celebraban lo que nunca por las calles de Leicester en mayo. Ahora no queda tiempo de sueño, el italiano tendrá que usar la campanilla imaginaria de nuevo: “dilly ding, dilly dong” porque el próximo objetivo está a 457 kilómetros de distancia, en Brujas. Su primera noche de Champions en la historia ocurrirá en Bélgica, después se encontrarán con Porto y Copenhague.

El sorteo que atemorizaba a los aficionados sólo animó más la gira europea. Los fanáticos sabían que sería costoso, pero ha sido más de lo que esperaban. “Una locura”, “ridículo”, una desgracia”, así calificaron el elevado precio por ser testigos de las tres noches en casa ajena, 188 dólares sólo por las entradas, el viaje completo con hospedaje podría alcanzar los 1,500 dólares. Por si fuera poco, han sufrido la escasa oferta de asientos de visita, su primer rival ha decidido que serán bienvenidos únicamente 1,400 personas. Contra todo, los fieles a los colores han pasado horas en las filas para adquirir un boleto siguen firmes en la idea de vivir la experiencia junto a su equipo.

Para los clubes, el sitio vale igual aunque hay jerarquías. Leicester será debutante junto al Rostov de Rusia entre 30 equipos con historia, escasa o imponente, en la competencia. Diez de ellos han sido campeones, pero los clubes de las grandes ciudades dominan los títulos de los últimos años. Leicester está lejos de ser la ciudad pequeña de esta edición, como lo es Mónaco, pero tampoco fue determinante en las historias de Manchester United, Liverpool y Porto.

La plantilla y la experiencia, en cambio, serían sus puntos en contra durante la aventura. A pesar de que el verano se anunciaba terrible después del título con los clubes millonarios tentando a sus jugadores, N’golo Kanté fue la única baja importante, nada pudieron hacer para evitar que el mediocampista francés -pieza clave de su funcionamiento- se fuera al Chelsea, en compensación, fue celebrada la permanencia de Mahrez, Vardy y Morgan con la extensión de sus contratos. Claudio Ranieri apostó por los refuerzos ofensivos con Nampalys Mendy en el mediocampo, como reemplazo de Kanté, además de lo delanteros Islam Slimani y Ahmed Musa. Sin gloriosos nombres, el poder del underdog está precisamente en su debilidad frente al resto.

Esta vez, a costa de los gigantes del mundo, la ciudad de Leicester sueña despierta… no tiene nada que perder.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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