¿Michael Phelps sería Michael Phelps sin la tecnología?

Lo único que cubría su piel era el aceite de olivo, la ropa estaba prohibida. Los participantes competían desnudos y, según la leyenda, sin sentir vergüenza. El cuerpo era respetado y admirado, lo procuraban desde niños. Todo ocurrió en Olimpia, Grecia hace más de 3 mil años, cuando los Juegos nacieron como muestra del poderío humano, limitado al hombre no esclavo ni extranjero, restringido a las mujeres solteras y sólo como espectadoras. Con rituales de sacrificio de animales y con la fuerza como aliada.

Usaban aceite para protegerse de las quemaduras del sol y las heridas de la actividad deportiva, era todo. Ganar garantizaba el honor y a veces, hasta la vida. La natación hizo su debut en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, Atenas 1896, una versión de la historia cuenta que los participantes fueron llevados en lanchas a 1,200 metros de la meta en pleno mar abierto de la Bahía de Zeha, el agua a 13 grados, las olas de entre tres y cuatro metros de altura. El reto era volver para sobrevivir. El húngaro Alfred Gutmann quiso rendirse pronto, pero sin rescates posibles la única opción fue seguir, nadó por poco más de 18 minutos y consiguió ser el primer ganador en la historia de esta disciplina. Casi todos nadaron desnudos, nada de trajes pegados al cuerpo con simulación de piel de tiburón o paneles de poliuretano ni gafas, competían en igualdad de condiciones.

Un incómodo traje de lana, sin mangas, que llegaba hasta los muslos fue la vestimenta requerida para la primera participación femenina en natación, en los Juegos de 1912; criticada como “poco decorosa” significó la prohibición para las nadadoras estadounidenses. Mientras los hombres comenzaron a probar con trajes pequeños debajo de su ropa de algodón.

Lo que era ya no es. Hace mucho que la desnudez dejó de tener sitios en los Juegos Olímpicos y la tecnología ha hecho lo suyo para ser adorada. Tras ganar el relevo 4x200 junto a Caeleb Dressel, Ryan Held y Nathan Adrian, Michael Phelps -mejor deportista de la historia olímpica- sonrió ampliamente y cuando escuchó el himno, apretó los labios resistiendo las lágrimas como si se tratara la primera y fue la 21 dorada, dos días después llegó la 22 en los 200 combinados; bajo el agua de la alberca de Río vistió unos “jammers” de diseño propio, el modelo se llama Xpresso, está a la venta para los mortales con un costo de 228 dólares, aproximadamente.

Él y su entrenador Bob Bowman vigilaron el proceso que inicia y termina lejos de su país, en Italia. El material resulta de dos fases de fabricación distintas, de la combinación de las tecnologías Aqua Core y Exo Foil resulta la tela Exo-Core que no perjudica la hidrodinámica, limita la absorción del agua, proporciona soporte por sus costuras planas y comprime las piernas para una óptima circulación con los paneles internos de silicón. Usó una gorra X-O racing que impide el movimiento y la entrada de agua, pero le permite escuchar el rugido de los fanáticos y unas gafas Xceed de visión panorámica. Todo aprobado por la Federación Internacional de Natación.

Phelps deseaba desde tiempo atrás trabajar en el bañador perfecto y en 2014 dejó a la marca que lo patrocinó desde los 16 años, Speedo, para elegir a Aqua Sphere de entre decenas de ofrecimientos a su regreso a las piscinas. Porque no importó el pasado, las marcas volvieron a buscarlo para que llevara sus emblemas en el cuerpo.

¿La tecnología de los bañadores ha ayudado a Michael Phelps? En Beijing 2008, el nadador estadounidense sumó 8 medallas de oro, implantó un récord olímpico y seis mundiales. Lo consiguió con un LZR Racer, de Speedo, adherido a su piel desde los hombros y hasta las pantorrillas. Un traje probado en túneles de viento en instalaciones de la NASA, con paneles estratégicos de poliuretano para presionar el cuerpo, ofrecía ventaja de flotación y mayor resistencia bajo el agua. El ahora indigno “traje de goma” fue vestido por el 98% de los medallistas de aquellos Juegos, motivo suficiente para levantar sospechas en la FINA.

Entre ese año y el siguiente, durante el Mundial de Roma, se rompieron más de 130 récords y se acabó, la Federación decidió prohibirlos. Las nuevas reglas indicaron que el traje de los hombres debía ir máximo hasta la cintura y no más allá de la rótula, para las mujeres, de los hombros a las rodillas, nada de plástico ni cierres, en su confección sólo fibras textiles. Todo siguió igual, Phelps celebró la decisión porque “volverían a utilizar casi los mismos trajes” y la polémica dejaría el lugar de los tópicos deportivos.

El científico británico John David Barrow, autor del libro Mathletics: A Scientist Explains 100 Amazing Things About the World of Sports, explicó para The Daily Best la influencia del LZR en las competencias. “El arrastre del cuerpo humano en el agua es de alrededor de 780 veces mayor que cuando se mueve en el aire, por lo que existe una considerable ventaja para conseguir el mismo nivel de condiciones que obtiene el cuerpo fuera del agua. Estos trajes también hicieron la forma del cuerpo muy suave e hidrodinámica. En lugar de la unión entre el cuerpo del hombre y el cordón de la cintura de su traje de baño, que añadía resistencia, ahora había una cubierta ligera, libre de arrugas, sin costuras y de baja resistencia. Fibras diminutas en la superficie del traje podían moverse para mantener la forma aerodinámica y su textura suave se adecuaba a la forma del cuerpo durante la carrera. En general, existía la posibilidad de una reducción de la resistencia del 8 por ciento en un nadador”.

Los récords que rompió Phelps en Beijing le pertenecían desde antes y mantiene tres marcas mundiales hasta ahora. Algunos pidieron que las marcas de ese periodo fueran eliminadas, pero no ocurrió. La “Bala de Baltimore” viajó a Londres para sus terceros Juegos Olímpicos, se metió al agua envuelto de la cadera y hasta las rodillas en un Fastkin3, de Speedo, un sistema más que un modelo porque incluía gafas y gorra confeccionados como un todo, esta vez de fibras textiles, que prometió llevarlos más rápido que en 2008. Refrendó cuatro de las medallas de oro y ganó plata en dos pruebas que eran suyas, ahí se convirtió en el atleta con más preseas olímpicas.

Entonces vino el retiro que parecía definitivo: “Me dije a mí mismo que no quería nadar cuando tuviera 30, y digo esto sin ánimo de ofender a los que tienen 30 y nadan”. Pero volvió, el mundo lo recibió como si nunca hubiera abandonado las piscinas y con 31 años ganó tres medallas de oro en Río. ¿La diferencia entre ganar y perder está entre una costura invisible, una tela impermeable y la presión en las piernas? Phelps hizo suyos los 100 metros mariposa desde Atenas 2004, su margen frente a todos los retadores era de 28 centésimas, hasta que apareció Joseph Schooling, de Singapur, para hacerlo ver más humano y quitarle el metal que más tarde pudo ser el 24, le dejó a cambio la medalla de plata. Lo hizo con una marca de 50.39, más veloz que Michael en cualquiera de sus victorias anteriores. Ya lo había vencido en junio, cuando compitieron en Austin, Texas, aquella vez el reloj se detuvo en 51.58 y 51.65, respectivamente. La polémica por los bañadores nunca apareció en estos Juegos.

“Un traje de baño es un traje de un baño”, respondió Michael Phelps en la época de la controversia y añadió: “Si alguna vez compites en alto nivel y eres consistente, será por el trabajo de los entrenamientos. He trabajado tan fuerte como he podido para estar en donde estoy ahora y he puesto incontables horas”.

Dice que la noche del sábado fue la última olímpica. Cerró la cuenta en 28, con 23 doradas. ¿Será más fácil saber qué tanto ayuda la tecnología ahora que el atleta más grande de la historia de los Juegos se bajó del bloque?

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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