Mundial 2026 dejaría a mexicanos sin un mes de sueldo

Ciudad de México 2026. Colapso total. Surrealista. Un vehículo por cada habitante. ¿Imposible? Los datos respaldan la información. Si nuestro país aspira organizar el Mundial ese año será — en teoría- en la ciudad más poblada del mundo, en la más caótica también. El Estadio Azteca, el estandarte inmobiliario por excelencia del futbol mexicano, estará empotrado en una metrópoli donde vivirán 8.5 millones de personas y habrá 8.5 millones de vehículos. Locura total.

“Nosotros perseguimos nuestros sueños”. Así respondió Decio de María, presidente de la Federación Mexicana de Futbol cuando le cuestionaron sobre la posibilidad de traer a casa la tercera Copa del Mundo. Las proyecciones del Consejo Nacional de Población y el estudio “Hacia el colapso vial” se encuentran cuando comparamos los datos de habitantes y parque vehicular. Una metrópoli empotrada entre montañas, smog, contaminación y no sólo eso… dinero público invertido. ¿Vale la pena traer o no un Mundial?

****

La FIFA sufre la peor crisis de su historia: su credibilidad está a debate y la corrupción de muchos de sus directivos confirmada. Pero nada limita a las naciones para que consideren tener en casa al torneo más importante del planeta: El Mundial. América aspira a realizarlo para 2026: Chile, Canadá, Estados Unidos y México evalúan sus posibilidades.

México puede experimentar en las fiestas ajenas. Los antecedentes sobre el legado de los últimos valientes no ilusionan y las proyecciones de las instituciones desaniman. Traer la Copa del Mundo no es comprar un caramelo.

¿Cuánto le costaría a los mexicanos tener un Mundial? Los informes detallan que en promedio — entre Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014- los gobiernos (con dinero público) invirtieron al menos 8,000 millones de dólares.

Si esta cifra se conserva y se divide entre los 58 millones de mexicanos que constituirán la Población Económicamente Activa (PEA) — proyección a 2025 según la CONAPO-, el costo sería de 2,463 pesos de acuerdo con un cálculo realizado por el equipo estadístico de Cámara Húngara. Esa es la cifra que tendrían que destinar de su bolsillo (vía presupuestos destinados, impuestos, recaudaciones fiscales) cada una de las personas en el país que tiene empleo o algún tipo de capacidad financiera para que por tercera vez en nuestra historia tengamos un Mundial.

¿Qué son 8,000 millones de dólares?, la primera respuesta es que en pesos equivale a 143 mil 843 millones de pesos. Para dimensionar la cantidad, podemos decir que esa fue la cifra que pagó el gobierno mexicano durante una década para afrontar los desastres naturales. También representa lo que destinó el Infonavit para otorgar casi 600,000 créditos de vivienda en 2014. Es 70 veces el presupuesto del 2016 que recibió Conade y significa prácticamente lo que destinó el gobierno de Enrique Peña Nieto a temas de seguridad en el país. Eso le costaría al país tener un Mundial.

Si bajamos el escalón, tenemos que una persona que forme parte de la PEA y perciba el salario mínimo (73.04 pesos), tendría que dejar de ganar dinero 34 días para “pagar” nuestra Copa del Mundo.

“Que no sea extraño que las próximas guerras sean ocasionadas por el deporte”, reflexionó hace un par de años Miguel Ángel Lara, investigador deportivo para la revista Forbes México cuando se refirió a los altos costos que tienen los megaeventos deportivos.

****

Un profesor vale más que Neymar”, se leía en un cartel durante las protestas por el Mundial del 2014. Faltaban meses para el silbatazo inicial en Sao Paulo y la población salía por miles a las calles para reclamar la poca credibilidad de las promesas hechas por Lula Da Silva y Dilma Rousseff.

No se equivocaron. De acuerdo con datos publicados por el periódico Estado de São Paulo, al cabo de un año del Mundial en Brasil, sólo uno de los 12 estadios adaptados o construidos para el evento registró más del 40% de ocupación en los encuentros posteriores. El Mané Garrincha, reconocido por el gobierno de Brasilia como el más costoso del proyecto (830 millones de dólares) y sólo por detrás de Wembley en el mapa mundial, sirve ahora de estacionamiento de autobuses y alberga oficinas gubernamentales.

El país del futbol se sintió engañado. Pero Moody’s Investors Service, una agencia de calificación de riesgo, alertó que los efectos podrían ser breves en Brasil. Explicó que mientras el turismo aumentaría el uso de transporte público y el consumo de productos nacionales, los días de asueto y el tránsito no habitual podrían reflejarse en una reducción de la actividad económica en ese periodo.

El informe inicial de gastos contemplaba un presupuesto de 6,000 millones de dólares, finalmente fueron destinados 11,754 millones, de acuerdo con información del portal de Transparencia de la Copa. La inversión contempló las obras viales y las mejoras en el transporte público, los aeropuertos, la seguridad pública y el desarrollo de las telecomunicaciones.

“Hoy tenemos una selección fuerte, llena de cracks geniales y tenemos un técnico, el grande ‘Felipao’, quien es campeón y tiene como auxiliar a otro vencedor, el gran Parreira. Tengo razón para estar muy optimista”, declaró la mandataria Dilma Rousseff. Pero la “Copa de Copas” tampoco se quedó en casa, el Mineirazo (7–1 ante Alemania) llenó de adjetivos la participación oscura de los anfitriones.

A casi dos años del último partido en Brasil, muchas de las obras prometidas siguen inconclusas. La crisis política ante la posible destitución de Dilma Rousseff, acusada de maquillar las cuentas públicas, los problemas económicos en la capital, la amenaza del virus del Zika, el continuo desalojo en las favelas y el descontento social dibujan el panorama.

Sudáfrica, sede en el 2010, tiene también mucho que contar. Ahí en donde el cricket y el rugby están antes que el futbol, Andrés Iniesta selló la celebración de España con un golazo. El reporte final, publicado en 2013, indica que destinaron 3,000 millones de dólares a la organización y para explicar el impacto bruto en la economía incluyen un estudio presentado previo al torneo por la firma contable Grant Thornton, cuya estimación es de 12,640 millones de dólares.

A falta de una cifra actualizada sobre los beneficios, el documento destaca como principal ganancia hacia el futuro el cambio de percepción del continente y del país. Traducido en confianza para nuevas inversiones y el incremento del turismo. Sin embargo, los “elefantes blancos” también son prueba y una vez que las vuvuzelas callaron, las canchas se cubrieron de polvo.

FIFA exige estadios con capacidad mínima para 40,000 personas en encuentros regulares y un recinto de 80,000 butacas que reciba la inauguración y la clausura. En Sudáfrica fueron construidos cuatro estadios y seis más, remodelados con motivo de la competencia. Hoy requieren un importante subsidio del gobierno debido a que no han conseguido darles el uso previsto. La organización también incluyó la construcción de un aeropuerto internacional en Durban y un tren de alta velocidad entre Johannesburgo y el centro de la ciudad.

Los operadores de los estadios se niegan a revelar las condiciones actuales de los recintos deportivos, pero el bajo perfil de los equipos locales y del nacional tampoco ha permitido el desarrollo de los proyectos. Durante la Copa del Mundo, el desempeño de los Bafana Bafana hizo historia al ser los primeros anfitriones en quedar fuera en la primera ronda, no aprovecharon las ventajas de la localía. Cuatro años más tarde, un autogol les negó el Mundial de Brasil y actualmente buscan la clasificación a Rusia desde la posición 70 del ranking.

“La FIFA no es un circo que llega a un país, levanta unas cuantas carpas y cuando acaba la función se lleva todo consigo. El dinero no es tan importante para nosotros”, dijo Blatter al anunciar la asignación de 100 millones de dólares a Sudáfrica por lo recaudado durante la competencia, 80 de ellos se destinan a programas sociales en las comunidades y los 20 restantes son entregados a la Asociación de Futbol de Sudáfrica para los preparativos y la construcción de su sede.

“Los sudafricanos estamos orgullosos de mirar el legado del Mundial del 2010 que va más allá de lo obvio. Nunca antes este país se reunió y se mantuvo unido para apoyar a la selección nacional como lo hicieron durante la Copa del Mundo. Nunca antes tuvimos campañas tan exitosas para unir a toda la nación en el apoyo de nuestro equipo y el país como Football Friday y Fly the Flag. Esto fue verdaderamente un equipo, un país”, declaró Gert Oosthuizen, Ministro de Deportes y Recreación.

Sudáfrica limpió su imagen, y de acuerdo con sus dirigentes, demostró al mundo su capacidad para cumplir con los estándares mundiales de organización. La industria del turismo ha crecido constantemente desde entonces y ha significado, directa e indirectamente, la generación de 39,000 millones de dólares, según el World Travel & Tourism Council (WTTC).

Las recientes investigaciones al interior de la FIFA por corrupción involucran a este país en la polémica por un supuesto pago de 10 millones de dólares para asegurar la sede del torneo. El organismo admitió que el dinero fue transferido a las cuentas de Chuck Blazer y Jack Warner, mientras las autoridades defienden que el pago estaba destinado al financiamiento de un proyecto de desarrollo futbolístico.

El interés económico no es la principal motivación de los gobiernos al proponerse como sede para un Mundial. En el caso de Sudáfrica y Brasil, defienden los gobiernos, los beneficios son intangibles: la reputación del país y su posicionamiento geopolítico.

****

El concepto de marca país evalúa la calidad de vida, el potencial de negocios, el sistema de valores, el patrimonio cultural y el turismo. De acuerdo con el estudio Country Brand Report 2015/2016 de la consultora Future Brand aplicado a líderes de opinión y viajeros residentes fuera de latinoamérica, Brasil lidera el ranking de marca país en esta zona y hallaron que su papel como organizador del Mundial del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016 ha influido positivamente en su imagen, a pesar de la crisis política que enfrenta Dilma Rousseff y del conflicto con Petrobras.

“El Mundial es una inmejorable oportunidad para mostrarnos hacia el mundo tal y como somos y promocionar a Alemania como factor económico. No volveremos a tener una oportunidad semejante en los próximos cincuenta años”, anunció Franz Beckenbauer, entonces presidente del Comité Organizador del Mundial del 2006. Hoy, investigado por las condiciones de obtención de la sede.

La organización de la Copa unió a una nación fragmentada por los conflictos políticos durante décadas, los alemanes se volcaron en apoyo al evento que posicionó al país como una plaza económica segura e innovadora. Con este objetivo, se originó la agencia federal de inversiones Invest in Germany GmbH, dedicada a ofrecer asistencia completa a los inversores desde la elección hasta la aplicación de sus decisiones.

“El mundo entre amigos” fue su lema. Alemania, tercera potencia mundial y con una ubicación favorable en Europa, aprovechó la imagen de civilidad y seguridad para atraer a 3 millones de aficionados a los estadios durante las semanas de competencia. Situación distinta a la de sus predecesores entre conflictos sociales, económicos y de seguridad.

De acuerdo con datos del PostBank de Alemania, entre organizadores y gobierno gastaron 4,800 millones de dólares para tener listas las doce sedes. Más allá del resultado económico de 150 millones de dólares, reportado por el Comité Organizador, los efectos se prolongaron.

“Los beneficios de ser el país anfitrión son tangibles, pues la economía alemana aún se beneficia del torneo cuatro años después; muchos turistas italianos van al estadio en Berlín para ver dónde ganó su equipo la Copa Mundial, o en ciudades como Colonia el número de visitantes es de 7% a 10% mayor que antes”, declaró Horst R. Schmidt, entonces tesorero de la Federación Alemana de Futbol. A pesar de que el trofeo no se quedó en casa.

Libres de elefantes blancos. El desarrollo del futbol alemán también es distinto a la actualidad de Brasil y Sudáfrica. La Bundesliga es una de las competencias más atractivas alrededor del mundo y presume uno de los mejores promedios de asistencia (42,000), además de mantener altos estándares de comodidad y seguridad en sus estadios.

El único Mundial cuya sede ha sido compartida impuso tendencia. Corea del Sur y Japón fueron equipo en 2002 para llevar por primera vez la competencia a tierras asiáticas. Con ambos países en crisis económica, el futbol propició la tregua con la intención de reavivar sus finanzas y posicionarse en el mapa.

El gasto fue récord, 4,500 millones de dólares entre los anfitriones. Japón debió invertir más en infraestructura para la práctica no acostumbrada del futbol; de los 20 recintos utilizados, 18 fueron construidos totalmente y su cometido era impresionar a los aficionados con las modernas estructuras equipadas con lo último en tecnología. Aire acondicionado, calefacción, asientos rotativos, techos desplazables, pantallas gigantes. La experiencia de este deporte había cambiado por completo.

De acuerdo con el gobierno de Corea del Sur, obtuvieron 4,000 millones de dólares en beneficios directos, a partir del consumo durante el año mundialista. Pero la mejora en la imagen del país y sus compañías se tradujo en beneficios indirectos por 15,000 millones de dólares. La Cámara de Comercio en Japón no coincidió en el optimismo. Destacaron el crecimiento de las ventas en el sector tecnológico; gracias a los televisores y los DVD’s. También las tiendas deportivas gozaron de la fiebre mundialista. Pero nada más.

La industria hotelera reportó importantes pérdidas tras las cancelaciones de los turistas que no estuvieron dispuestos a viajar tan lejos para soportar una costosa estadía. Mientras Japón esperaba la llegada de 360,000 extranjeros, la cifra se cerró en 30,000.

La Copa no se quedó en casa, voló a Brasil. Para Corea del Sur el torneo terminó en Semifinales, su mejor desempeño en la historia. Japón no sumó ni en economía ni en futbol, los nipones fueron eliminados por Turquía en Octavos de Final.

La fiesta tampoco estuvo en los estadios. El fracaso en atracción turística era evidente, fue imposible ocultar los asientos vacíos, mientras la FIFA se excusó en problemas con la entrega de boletos. Pero el error ante los ojos del mundo fue asignar un Mundial a dos países cuyo amor por el futbol no es característico.

En algún momento de la historia, el entusiasmo de ser anfitrión respondía a un supuesto crecimiento económico que no es comprobable en todos los casos. Los gobiernos muestran unas cifras y los pobladores relatan otras. La desconfianza generada tras la salida repentina de Joseph Blatter, las revelaciones de malos manejos y sobornos en las elecciones tampoco garantizan el uso adecuado de los recursos. Los críticos de estas organizaciones consideran que los gobiernos deberían priorizar en otras áreas, no en el futbol.

Con respecto a las intenciones mexicanas, la promesa de construirse como marca y posicionarse en el ranking de las marcas país puede ser uno de los factores para buscar la candidatura. En el Brand Report América Latina 2015–2016, México es el tercer mejor evaluado de Latinoamérica, detrás de Argentina y Brasil.

A pesar de los conceptos positivos (patrimonio, cultura y made in)… la percepción del Sistema de Valores y Calidad de vida sitúan a México en desventaja.

¿Podrá México contrarrestar la experiencia negativa con la celebración de un Mundial?

Por: Ana Cruz Manjarrez e Ivan Pérez

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals