Resistir para sobrevivir en territorio olímpico

Parque Olímpico de Río de Janeiro, un complejo deportivo que se muestra majestuoso ante los ojos extraños, lugar de la disputa de 16 disciplinas.

Dicen que ahí está el “corazón” de estos Juegos, a poco más de un kilómetro de Vilas Autódromo, el “corazón” de la resistencia; el hogar de 20 familias que se negaron a salir cuando el gobierno quiso edificar una nueva vida, lejos de sus planes, pero murió el intento de seducirlos con piscinas y comodidades, se quedaron porque es su derecho. Esa es su batalla, más de 500 familias se rindieron por temor a perderlo todo cuando llegaron las máquinas, esas dos decenas soportaron el escándalo de la demolición, el riesgo de los escombros, el costo de cerrar la puerta, ganaron casas nuevas en el mismo lugar, con la promesa de gozar de los mismos servicios de sus lujosos vecinos que han comenzado a poblarse entre el ánimo festivo. Mantienen la esperanza de salir del abandono en una ciudad que recientemente se declaró en “estado de calamidad pública”, crisis que implica la adopción de medidas extraordinarias como recorte de gastos, reducción en la prestación de los servicios públicos y ayuda de los fondos federales para cumplir con el costoso compromiso.

Es la belleza detrás del caos, la invitación a dejarse llevar por el espíritu deportivo. Basta un recorrido para hacer tambalear las estructuras a base de martillazos, son los testimonios de quienes pagan y pagarán las cuentas, incluso con la vida de sus hijos. El anuncio de la sede olímpica en 2009 intensificó el proyecto de ciudad que olvidó la vida tradicional y buscó su exterminio, la historia maquillada omite a las 77 mil personas desalojadas, de acuerdo con la organización Justicia Global, tampoco a las víctimas mortales de la “limpieza social” ejecutada por las fuerzas armadas en las favelas, padecida por personas en situación de calle y vendedores ambulantes.

El otro relato ha sido y será narrado por los ciudadanos y las organizaciones sociales. A pesar de la represión violenta de las protestas han encontrado formas de hacerse escuchar y las actividades se incrementan al ritmo de la cuenta regresiva de los Juegos. Río de Janeiro espera entre 350 y 500 mil turistas entre agosto y septiembre, a propósito del evento, una ventana ideal para desnudar a la ciudad. Bajo el hashtag #JogosDaExclusao, el Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas de Río organizó una jornada de información y difusión, también a través de expresiones artísticas, que inició esta semana, preámbulo de la gran protesta del 5 de agosto en la Plaza Saenz Peña, en Tijuca, muy cerca del Maracaná, escenario de la inauguración.

Las voces de disgusto amenazan la fiesta porque no son diez. La comunidad cuenta a más de cien organizaciones que piden la democratización de los Juegos, nada fuera de los compromisos adquiridos cuando aceptaron abrir la puerta al evento deportivo más importante del planeta. La confianza fue defraudada con el Mundial y el camino a los Olímpicos sólo cuenta abusos, sumado a la recesión que enfrenta Brasil desde hace dos años, la inestabilidad política, los problemas del sector automovilístico y siderúrgico, el escándalo de Petrobras y la deuda contraída para cumplir con las expectativas de ser el primer anfitrión sudamericano han llenado de motivos el vacío de explicaciones.

La playa de Copacabana fue vestida de indignación el mes pasado. 420 pantaletas manchadas con pintura roja fueron regadas sobre la arena, representaron el número de violaciones que ocurren en Brasil cada 72 horas. Junto a ellas, varias fotografías de modelos con manos rojas marcadas sobre el rostro, la expresión de angustia de las víctimas de abuso se titula: “Nunca me callaré” y es del fotógrafo Marco Freitas. Una de las playas más famosas del mundo fue lugar de la protesta, en la ciudad que pocos días antes reclamó la violación colectiva de una joven de 16 años en una favela en la periferia de Río. En este país sólo el 35% de las agresiones sexuales son denunciadas.

En donde no hay recursos para pagar el sueldo de los cuerpos policiales civiles. Hace unas semanas, el Aeropuerto Internacional de Galeo recibió a los visitantes con una protesta; una oficial se manchó las manos y la cara con tinta roja, mientras sostenía uno de los 50 muñecos de trapo vestidos con un uniforme que regaron sobre el suelo, la camisa decía: SOS policía; los muñecos simbolizan a los compañeros que han caído en el cumplimiento de su labor en este año. Los agentes, algunos acompañados por sus hijos pequeños y ciudadanos solidarios, sostuvieron mantas negras que decían: “Bienvenidos al infierno. Policías y bomberos no reciben su sueldo. Quien venga a Río de Janeiro no estará a salvo”, para reclamar que desde los primeros meses del año no reciben pagos completos por un trabajo cada vez más peligroso.

La vulnerabilidad está lejos de ser sólo percepción, los asesinatos alcanzaron este año una media de 428 al mes, de acuerdo con un informe oficial. Los visitantes gozarían de la tranquilidad que los residentes han pedido por años; la primera ayuda -830 millones de dólares- recibida del gobierno federal, a partir de la declaración de “estado de calamidad”, será destinada a pagar las horas extra de los oficiales durante el evento y saldar los sueldos atrasados; pero los operativos policiales y militares estarán concentrados sólo en las seis regiones atravesadas por calles olímpicas.

“Este gobierno dice que no tiene dinero para la salud, para la educación, pero tiene dinero para la Olimpiada. ¡Eso es absurdo! Es por esto que los servidores públicos estamos en la calle, para pelear por nuestros derechos”, declaró un hombre de 41 años a la AFP en medio de una protesta que pedía el boicot. El estado ha sido incapaz de pagar a 450 mil funcionarios y pensionados; la crisis ha llegado a las escuelas, los profesores reclaman sus pagos y las condiciones de sanidad que son deplorables. Más grave, los hospitales están limitados en capacidad y equipo necesarios para hacer frente a las emergencias que pudieran presentarse en los Juegos, tras la evaluación del Consejo Regional de Medicina.

Un auto perforado por 111 tiros de fusil apareció en Costa Barros, al norte de la ciudad, en el interior quedaron cinco cuerpos de jóvenes que volvían de un paseo en un parque cercano; la matanza ocurrió a manos de policías que manipularon la escena para argumentar un enfrentamiento que no sucedió porque las pruebas periciales refutaron su versión. “Somos discriminados por el ambiente en el que vivimos. Ellos eran negros, favelados, y fue por eso que los mataron. Tenemos que mostrar que aquí es como en Copacabana, que en todo ser humano de Costa Barros corre la misma sangre que en Copacabana. No hay ninguna diferencia”, sentenció una de las madres que llora la pérdida. Así sufre Río de Janeiro, deben cuidarse más los jóvenes negros de las favelas, principales víctimas de la acción policial que este año ha cobrado 84 vidas, así lo revela la distribución geográfica de los homicidios.

La forma de existir en su ciudad ha cambiado, es más difícil moverse. El proyecto original de construcción y ampliación del metro fue trazado en los 80, respondía a las necesidades de la región, ahora la trayectoria modificada atenderá las exigencias de los turistas. El costo se elevó 21 veces más de lo presupuestado y estará lista por completo a finales de año. La alternativa es el ómnibus, pero sus rutas han sido cortadas y alteradas, los usuarios han acusado el caos de los traslados. El ajuste de precios en el tren, metro y ómnibus hace cada vez más caro ser pasajero; mientras los trabajadores del metro avisan que tomarán las calles para exigir un aumento salarial.

Seis días antes de la inauguración un hombre joven caminó entre los ríos de manifestantes, vistió un traje a rayas blanco y negro, el clásico uniforme de presidiario, se pintó la barba de blanco y usó gafas oscuras, cargaba una prisión simulada con barrotes plásticos, su expresión era relajada y hasta petulante mientras se abría paso. Personificó a Lula Da Silva, el expresidente condenado por el pueblo brasileño que algún día fue popular, piden juicio y prisión para el acusado de un fraude de 2 mil millones de dólares a Petrobras en beneficio de políticos y empresarios. Próximamente será juzgado por obstruir la investigación a través de sobornos. Junto a él, su amiga Dilma Rousseff apareció representada por una muñeca inflable que llevaba un antifaz de bandida, una banda cruzaba su cuerpo: “Tchau, querida!”. La actual presidenta de Brasil fue suspendida por seis meses, se encuentra sometida a juicio político por alterar cuentas públicas y aprobar decretos que modificaban los gastos sin autorización del Congreso. Si volverá, o no, a la silla presidencial se decidirá después del 29 de agosto. Algunos la defienden en las calles.

Cuando la antorcha olímpica llegó a Río de Janeiro, el fuego fue extinguido por manifestantes. El aviso inequívoco de quienes rechazan los Juegos Olímpicos que han segregado y que profundizan las problemáticas ignoradas por años; ellos han tomado las avenidas, las paredes, las estaciones, las escuelas, para hacer saber que si ellos pagan la cuenta con sacrificios y vidas, alguien tendrá que asumir las consecuencias.

Máximo respeto

Si reciben la noticia de que fui apresada,

difundan que no soy terrorista

Soy sólo una inconforme más que lucha

Soy activista

Es necesario jugar el juego

Mantengo la esperanza de una militancia que hace la diferencia,

donde estar vivo se ha convertido en un acto de resistencia

(traducción de un fragmento de una poesía de Nathália Nascimento)

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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