Si Villoro, Sacheri y Dehesa fueran directores técnicos…

Wikimedia Commons.

“El hombre, cuando juega, abre puertas hacia lugares escondidos, reprimidos, ocultos e infantiles. Eso que circula por debajo –lo subterráneo– es un terreno muy fértil para la literatura”, dijo Eduardo Sacheri al diario El Tiempo. Es argentino, escritor y también profesor de historia. No fue futbolista porque su madre prefirió el estudio para él, pero habla, y relata con más amor que muchos que lo juegan. Le molesta la etiqueta que, desde Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol (2000), lleva pegada a su nombre como escritor de futbol. Quiere ser recordado por las muchas otras cosas que construye con palabras.

Sin embargo, Sacheri es uno de los primeros nombres que vienen a mi mente al pensar en un escritor que habría sido un buen técnico. Es fanático de Independiente de Avellaneda porque su padre lo llevó por ese camino, a la cancha no iba siempre, pero se encargaban de crear un ambiente como de barra brava en casa. Eduardo sería un técnico apasionado, pero moderado en su zona del campo, porque siempre habla con mesura y parece tener cada palabra bien pensada.

Sería metódico, pero emocional. Cree en la pasión por el juego .

“Si pretendés enseñar una ciencia sin comunicar ni interesarte por el vínculo afectivo, no hay manera de que el otro aprenda”, dijo respecto a su labor como docente.

A pesar del desborde de emociones que inundan al lector con sus textos, Sacheri también sabe regresar a la realidad. Lo demuestra al hablar de la selección de su país y el infortunio del título mundial que tiene varias décadas sin repetirse: “No somos una máquina de perder finales porque no jugamos una final en 25 años”.

El entorno de las letras lo echa de menos y su afición por el futbol inspira a pensar en cómo habría sido Germán Dehesa como técnico de la Selección Mexicana. Era Puma y no hace falta decir que su trabajo inspiró a muchos de los que ahora leemos en los diarios. Por su crítica a los protagonistas del juego, podemos estar seguros de que le habría dado el justo valor al sitio del futbolista en la sociedad sin envolverlos en la bandera y prestarse al cliché del nacionalismo barato.

Germán Dehesa.

“El desenfado, la alegría, el arrojo con el que juega Campos, sin perder nunca la noción de que está jugando, nomás jugando y no decidiendo los destinos de la nación, me parecen ejemplarmente sanos. Vuela, se adelanta, se lanza como súper-ratón, agarra la bola o le descuaja la cabeza a los contrarios; pero se divierte como enano que es. Me encanta Jorge Campos”, escribió en Tribulaciones de Huarachington, una crónica sobre las peripecias de un grupo de aficionados mexicanos en el Mundial del 94.

Germán Dehesa admiraba el futbol propositivo, sería de esos técnicos que gustan de entregar felicidad a los aficionados a través del juego sin sentirse un ser supremo. Cuando Javier Aguirre, como técnico de la Selección Mexicana, calificó el momento del país como “jodido”, el periodista fue claro en su crítica y cuestionó sus motivos para querer dirigir al representativo de un equipo que está tan mal.

“Me quieren… me respetan, dijo citando las palabras de Aguirre en aquella entrevista con un medio español y agregó: “pues ni que fuera el Monumento a la Revolución”.

La referencia generalizada a escritores vinculados con el futbol es Juan Villoro porque sus textos están vigentes y sus opiniones tienen presencia constante en los medios. Es Necaxista y nunca pierde ocasión de aclararlo, orgulloso por haber evadido la afición heredada. Quería sentirse parte de la comunidad en la que creció y se hizo de los Rayos. Igual que Sacheri, Villoro mantiene su historia de vida relacionada con el futbol.

Juan sería como su ídolo en la dirección técnica: “Guardiola representa todo lo que alguien como yo puede desear en el fútbol: la recuperación de la infancia, la lealtad, el juego estético, el triunfo sin trampas. Como te dije, mi padre es de Barcelona y eso refuerza mi vínculo sentimental con esa ciudad, donde he vivido varios años. Por último, conozco a Pep y es una persona admirable”, confesó en entrevista para El Gráfico.

Tomado de Youtube.

Si bien le gusta disfrutar del juego vistoso y ofensivo, Villoro valora mejor los resultados. Lo resalta cuando defiende la efectividad de Juan Osorio en la Selección Mexicana, aunque hace un par de días reconoció en él un nivel inferior al necesario para llevar al equipo más allá de la instancia de siempre. ¿Villoro guiaría a México a jugar el quinto partido? Al igual que Sacheri y Dehesa, Juan hace un balance entre la realidad y el deseo.

En 2014, consideró que el pase era de cuestión de ciencia ficción y así fue, la pesadilla de México culminó con una voltereta y la polémica de un penal que no se ha borrado de la memoria.

Su análisis va más allá de las cuestiones del juego, Villoro es uno más de los que cree en la necesidad de una restructuración del futbol mexicano como único camino al éxito: “Los torneos cortos impiden los planes a largo plazo. Obliga a los entrenadores a ser resultadistas. Hay demasiados extranjeros en la Liga”, dijo para El Financiero, luego del fracaso en la Copa Confederaciones.

De pensar así, Juan se hubiera topado con demasiadas negativas para la dirección técnica de una selección tan dependiente de la atención mediática.

Sacheri, Dehesa y Villoro han despertado nuestra curiosidad, ¿a qué escritor imaginan al borde de la cancha?

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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