Tramposos y arrogantes, pero no “Trumpistas”…

En México hay (al menos) 3.3 millones de personas que tienen algo en común con Donald Trump: esperan el domingo para ser testigos de un nuevo título para los Patriots. Estarán junto al asador, en la mesa de un restaurante, en un sillón frente a la pantalla… o en la Casa Blanca. Compartirán los nervios y la emoción, difícilmente se lo perderán. El vínculo existe aunque fastidie.

La historia dice que para ser aficionado de los Patriots hay que tener “la piel muy gruesa”, la franquicia de Massachusetts es la más ganadora de los últimos quince años, pero también es campeona en la batalla del odio. El año pasado, una encuesta nacional de Public Policy Polling anunció la derrota de los Cowboys, después de años en las “preferencias” de los haters, le cedieron el trono a los Patriots con un 23% de las menciones. Sólo esos dos equipos de la Liga pueden sentirse orgullosos de un porcentaje con dos dígitos.

El odio puede deberse al éxito, sí, pero también a las sospechas que ha levantado su conducta, desde el Spygate al Deflategate, pasando por sus comentarios que en más de una ocasión han sido calificadas como arrogantes y ciertas fallas arbitrales favorecedoras. Aquella encuesta, publicada por el Washington Post, fue elaborada antes de la victoria de Donald Trump, quizás entonces la brecha se hubiera ampliado.

No es tan fácil portar la camiseta de los Patriots en tiempos del nuevo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica… y especialmente si se lleva en la espalda el apellido Brady. Por más que los aficionados quisieran negar el vínculo que lo une a su equipo, la evidencia en declaraciones, videos y fotografías tiraría cualquier argumento. Los tres referentes de la franquicia son amigos del “enemigo”: Brady, Belichick y Kraft.

Tom Brady lo conoció cuando el empresario lo invitó a ser juez en alguno de sus concursos de belleza. Una amistad de 16 años que no le ha sido difícil sostener públicamente en últimas fechas; en sus declaraciones le ha dado el lugar de cualquier otro amigo en su vida, pero uno que de vez en cuando toma tiempo para hacerle una llamada motivadora. El quaterback respondió con cortesía al aprecio y se metió terreno político:

“Sería genial si él ganara”, dijo previo a un debate presidencial.

Se arrepintió. Tom negó ser portavoz de su campaña, pero Trump volvería a mencionar su nombre durante sus discursos. A la antipatía de los aficionados le sumaron un motivo, el apoyo al candidato que no representa los intereses de la mayoría de los votantes en su país.

Después de la lectura que dio Trump a una carta del coach en jefe Bill Belichick durante un mitin, sería imposible negar la familiaridad, se trataba de un párrafo repleto de elogios a su desempeño en la campaña: tremenda, increíble, maravillosa, asombroso… luchador, notable, el mejor. Quedó claro que su voto estaba del lado Republicano.

Donald Trump se inspiró en el hombre que este fin de semana podría convertirse en el entrenador con más títulos de la NFL, Belichick, quien ha hecho de ese equipo su vida, la franquicia más exitosa, hasta popular para bien y para mal, con base en el trabajo. Aunque su antipatía hacia los medios, la actitud soberbia y especialmente los escándalos éticos que rodean algunas de sus conquistas le han construido mala reputación entre los fanáticos. Coincidencias.

La carrera de Belichick se ha manchado por las sospechas y las confirmaciones, lo llaman tramposo. En 2007 faltó a los valores que habían mantenido limpia su trayectoria, en el desaparecido Giants Stadium de los Jets de Nueva York uno de sus asistentes fue descubierto grabando las señales defensivas de los coaches rivales. Las cámaras están prohibidas dentro del campo y tanto él como el equipo pagaron el acto ilegal con una multa de miles de dólares, se disculpó sin dar explicaciones pero la pérdida de credibilidad fue el mayor costo.

Terrell Suggs, jugador de los Ravens, se ha atrevido, los llamó arrogantes:

“Hay 32 equipos en la NFL y garantizo que los otros 31 odian a los Patriots. No soy solo yo. (…) A puertas cerradas, ellos creen que ningún otro equipo puede jugar en el mismo campo que ellos. Es una cuestión de respeto y no creo que los Patriots respeten a alguien”.

Las dos libras por debajo de la norma en el inflado de sus balones contra los Colts en 2015 volvieron a minar la confianza. Una de las faltas deportivas más polémicas de los tiempos recientes fue protagonizada por ellos, los odiados; la acusación pesó sobre Brady y la pagó con cuatro partidos de suspensión, el equipo fue castigado en dos selecciones colegiales y un millón de dólares de multa. Lo señalaron por destruir evidencia y negarse a cooperar con las investigaciones.

Sus triunfos son vistos con los ojos entrecerrados, a pesar de que en lo deportivo comprueben la superioridad de los resultados, que podrían haberlo conseguido sin trampas, sin ayuda arbitral. Han elegido el papel de villanos y parece gustarles el adjetivo de engreídos… como a Donald Trump.

“Las estadísticas son para perdedores (…) El marcador final es para ganadores”, dijo Belichick en 2009, cuando fue cuestionado por el desempeño de sus jugadores. Similar al desdén que Donald demostró hacia las encuestas y las opiniones de los medios durante su campaña: “las encuestas justas nos ponen al frente”.

Llevan la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica en su insignia, creada bajo la imagen de un hombre revolucionario, duro, valiente, capaz de todo por defender a su patria. Seguirán acusándolos por traicionar los valores de la competencia y volverán a sacudirse la culpa con todos los argumentos posibles -el de la victoria a toda costa, entre ellos-, pero contra este vínculo son impotentes.

Massachusetts fue Demócrata en las elecciones, al igual que Foxborough, la sede del Gillette Stadium. La afición rechaza la amistad con el presidente del discurso racista, misógino, xenófobo; los reclamos han llegado a Brady y Belichick por ser voceros -argumentan que involuntarios- de su movimiento. Podrán decirles mentirosos, tramposos, arrogantes, pero no seguidores de Donald Trump.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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