US Open, el Grand Slam rebelde

Miércoles en la noche, segunda semana del US Open 2001. Los fanáticos del tenis estadounidense no podían estar más orgullosos, dos veteranos americanos, 30 y 31 años, aparecieron en la cancha con sus 20 títulos de Grand Slam reunidos y el ambiente sentimental de un presumible último enfrentamiento -que no lo fue-. Pete Sampras vistió de blanco y Andre Agassi, de negro, estrecharon las manos como lo hicieron desde la adolescencia y ya libres de obligación de demostrar su trascendencia en este deporte exhibieron un clásico.

Sampras parecía haber perdido el toque, lo retiraban meses atrás y se resistía. Sin títulos ese año, lo único que le quedaba era el hogar. 23 mil personas atestiguaron 3 horas y 32 minutos de juego sin que alguno consiguiera romper el saque del rival. Sobre la cancha dura, Pete, el mejor sacador del mundo retó sin parar al hombre del contraataque letal, Andre, en cuatro sets llevados al punto de suerte, el tie-break. Justo antes del último, cuando el cuarto set estaba igualado a seis, el público dejó sus asientos para ovacionarlos; Sampras contaría después que nunca antes había perdido la concentración en pleno partido como aquella noche, aun así volvió a poner todo en su lugar para llevarse el triunfo que significó la semifinal del torneo. Quedaron las ganas del quinto set en un estadio hirviendo.

Eso es el US Open. Los últimos alientos de la temporada se quedan en el Billie Jean King National Tennis Center cada agosto y septiembre, no es el favorito de los jugadores como sí lo es el Australian Open por su amabilidad y la frescura de un nuevo inicio, tampoco la más anhelada de las conquistas debido a sus leyendas, ese sitio ya le pertenece a Wimbledon, pero este año se convertirá en el torneo que mejor premia en la historia de este deporte. La Asociación Estadounidense de Tenis anunció el incremento en el monto total, los ganadores recibirán 3.5 millones de dólares, 200 mil más que la edición pasada; también tendrán una mejor recompensa los subcampeones y los eliminados. Evidencia del éxito en patrocinios, contratos de televisión y asistencia.

En la tierra de Disneyland ocurre el Grand Slam rebelde de las canchas azules. Durante quince días, todos caben en Flushing Meadows, la ignorancia es bienvenida, no es necesario saber qué es un drive, un ace o un tie-break, mucho menos que es el único torneo grande que lo acepta en el set decisivo; el freno de los partidos eternos. Es Nueva York y el espectáculo les pertenece con más de 20 presentaciones musicales, shows de fuegos artificiales, fuentes bailarinas y una amplia oferta gastronómica. Si en Wimbledon se sirven fresas con crema por montones, los tradicionales sándwiches de langosta neoyorquinos requieren 1600 kilos de producto fresco traído desde Long Island.

Es un público distinto al acostumbrado en el entorno vanidoso del tenis, la distancia con Wimbledon, en donde los aplausos se coordinan y el código de vestimenta se respeta para tener acceso, es considerable. Los jugadores reconocen que de las tribunas del Arthur Ashe, Louis Armstrong y Grandstand se escapan expresiones más escandalosas, a veces fuera de lugar, que no agradan a todos. Ernests Gulbis, tenista letón, fue directo en entrevista para New York Times: “Honestamente, si voy a ver tenis, quiero ver tenis. Si quiero ver basquetbol, iré a ver basquetbol. No me importan los bailarines, no me importan los fuegos artificiales. Soy fan del béisbol y voy a verlo. Si voy al teatro, quiero ver teatro. No quiero ver cómo cambian las luces en el techo. Es la misma cosa. Quieres ver baile, ve a un centro nocturno. Una cancha de tenis es una cancha de tenis. No traes papas fritas, no traes bebidas. Es parte del respeto a los jugadores, respeto a lo que hacen. Si lo quieres hacer después, ve a un bar más tarde, no hay problema”.

Del otro lado están quienes disfrutan de los espectadores calurosos que celebran tanto como exigen: “Amo a los aficionados aquí. Son muy honestos y eso me encanta. Tú sabes que les agradas. Te aman. Si no les gusta algo, van a abuchear. Eso es lo que hace esto más apasionado y excitante. Además, desde que era niña soñaba con jugar aquí… estar en uno de los grandes”, confesó Vika Azarenka. La tenista de casa Serena Williams, también ha reconocido que un público tan involucrado la motiva.

Están empeñados en ganarse el amor próximamente. Mientras Wimbledon vende 400 mil entradas para el All England Club a lo largo del evento, el US Open vende 700 mil. Los precios van desde los 68 dólares hasta los 882 por una jornada de medio día. La organización quiere hacer valer cada dólar y trabajan en un proyecto de mejora de la experiencia; el nuevo estadio Grandstand recibe a más de 8 mil aficionados a partir de esta semana y han sepultado la frustración por la lluvia vespertina que arruinaba partidos estelares con el estreno del techo retráctil en la pista más grande del mundo, la del Arthur Ashe. Habrá más.

Pueden jactarse de su modernidad tanto como de su historia. Ningún otro Grand Slam se ha jugado en tres superficies: césped, arcilla y cemento, fue el primero en premiar igual a hombres y mujeres, los partidos a la luz de la luna comenzaron allí. Pero en América Latina es especial por el 8 de septiembre de 1963, cuando Rafael Osuna -con su característica velocidad y el movimiento llamado por él “Operación Cha-cha-cha”, que consistía en esperar varios metros detrás de la línea de fondo para controlar el poderoso saque de su rival- venció al local Frank Froehling en sets corridos. La primera conquista latinoamericana, el único mexicano poseedor de un major.

Tiffany & Co., la favorita de Holly Golightly en la novela de Truman Capote, crea desde hace dos décadas el símbolo de la victoria sobre la cancha azul. Serena quiere volver a poseerlo, Kerber espera el tropiezo y trabaja por la hazaña, la punta de la WTA; Murray está mejor que nunca, pero el campeón serbio del circuito lo mira de reojo. Con todo tu escándalo, bienvenido, US Open.

Comunicóloga. Reportera. Antes en: juanfutbol, VICE en Español, Cámara Húngara, Goal en Español, Referee. Contacto: an.cmanjarrezt@gmail.com, Tw: @_anniemals

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